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LONDRES.- Germán Lauro y su mundo. Sus trucos de autosuperación, su tarea de competir siempre consigo mismo. La comprobación de lo que un atleta es capaz de hacer en el tiempo. "Si querés lograr un récord o una medalla, eso está en vos", es la frase que parece tener grabada en la frente. A los 28 años, disfruta esa cíclica ambición de subir el listón de exigencia otro poco cada vez. El tema es cristalizarlo en el momento y el lugar indicados. Ayer lo hizo: transformó su genética de modos sencillos en fuerza bruta y su lanzamiento de bala en el Olympic Park se convirtió en un hito para el atletismo nacional.
El 6º puesto en la final, habiendo batido tres veces el récord argentino y terminando con 20,84 metros y un diploma olímpico para la Argentina, es el reflejo de un largo recorrido. Una masa de músculos de 128 kilos y 1,86 metros de estatura que para empezar a dar forma a su ilusión en el atletismo vendió pollos y rifas con su grupo de amigos en Trenque Lauquen. Tenía 14 años y su familia le hablaba de automovilismo. También él era fierrero, pero el ritual de tirar la esfera de metal lo más lejos posible lo cautivó desde esa edad. Su lealtad a esta disciplina se volvió férrea, inalterable. "Este sexto puesto es como si fuera una medalla", repetía el Gordo después de encandilarse con los flashes de un estadio que se conmovía con sus héroes locales.
Germán no estaba muy al tanto de los datos históricos. De uno contundente, que indica que su actuación olímpica fue la más valiosa para el atletismo nacional desde el sexto lugar de Isabel Avellán en disco en Melbourne 1956. "Cuando mis rivales vieron que había obtenido el récord nacional me felicitaron. De a poco voy metiéndome a este grupo de elite, que está integrado por muy pocos. Las medallas están un poco más arriba, pero ojalá dentro de poco salga mi marca aún más cerca de los 21 metros", contaba Lauro, que cuando concluyó su faena festejó con su gente en la tribuna y se llevó de regalo una bandera celeste y blanca.
Carlos Llera, su entrenador, consejero y padre deportivo, estaba entreverado en las gradas, mirando cada respiro de su pupilo. Había sido su profesor de educación física entre 2º y 5º años del secundario en Trenque Lauquen, y para esta cita olímpica le había dado consejos elocuentes: que no respetara a ningún competidor, que ya se sintiera parte de este circo mundial, que fuese capaz de afianzarse en ese segundo pelotón de lanzadores que pugnan por llegar aún más lejos.
La tranquilidad de ambos residía en que Germán había logrado estandarizar una marca dentro de los 20,4 metros. El sustento para semejante objetivo no era una expresión de deseo, sino el reciente 6º puesto en el Mundial Indoor de Estambul, la mejor ubicación en la historia para un argentino en certámenes bajo techo, con 20,4 en la eliminatoria y 20,38 en la final. Lo realmente impensado era que Lauro quebrara tres veces en un mismo día su mejor marca personal, de 20,43. "Traté de escapar un poco de Facebook y Twitter para estar concentrado en la prueba, y se dio. Cuando vi que mi lanzamiento tocó el fleje de los 21 metros pensé que tenía una buena marca".
Por la mañana, en el turno clasificatorio, los 20,75 le dieron el pase a la final y un primer récord argentino. Pero su rendimiento en la prueba decisiva, ya en plena noche londinense y después de una siesta que se había prometido, resultó excepcional. Tras un arranque en 19,40, cubrió en el segundo intento los 20,82 que lo ubicaron en posiciones de privilegio, además de darle otro récord. Y tiró dos centímetros más en el tercero, por lo que corrió los límites de la plusmarca nacional. Cerró su participación con 20,34, 20,65 y un nulo.
Cuántos recuerdos habrán vuelto a su mente durante esta participación olímpica, la segunda, después de Pekín 2008. Habrá rememorado una adolescencia que lo probó con difíciles decisiones. Tras el secundario, Germán se animó a viajar a Buenos Aires con una beca del Cenard y la chance de estudiar para ser contador público, una carrera que aún tiene pendiente. El movimiento de millones de habitantes en la city porteña lo abrumó y le quitó esa cadencia que traía de sus pagos, más tranquilos. Los viajes le complicaron los estudios; así y todo vivió ocho años en el complejo deportivo de Núñez.
Pero en septiembre de 2009 decidió recuperar el ritmo de vida más parsimonioso de su Trenque Lauquen de 50.000 habitantes. Y en su vuelta a casa, empezó a trabajar para reducir la merma que se le había detectado en los índices de fuerza, potencia y velocidad, una manifestación de que no estaba en su nivel. "Germán había atravesado un proceso largo con poco cambio de valores. Era un tipo superveloz y teníamos una tortuga; poseía una masa muscular muy grande pero de poca fuerza. Aunque también había adquirido muchas cosas positivas", comentó Llera. Lo que siguió en los últimos dos años y medio fue pura evolución. Sus marcas de ayer explican todo.
La delegación argentina consiguió hasta el momento cinco diplomas y tiene otros tres asegurados como mínimo, que pueden terminar siendo medallas: Del Potro en tenis, Molinari en gimnasia y Peralta en boxeo. Quienes concluyeron su actuación son Pareto y Lucenti en judo, Suárez-Rosso en remo, Del Potro-Dulko en tenis y Lauro en atletismo (bala).
20,43 m
era el récord personal de Lauro y también el argentino antes de Londres 2012, logrado en San Fernando el 4/6/2010.
20,75 m
estableció el trenquelauquense en su segundo intento en la eliminatoria. Batió su propia marca histórica y se clasificó para la final directamente por el registro, más allá de la posición.
20,82 m
fijó en su primer lanzamiento en la final, entre 11 adversarios. Nueva plusmarca nacional.
20,84 m
resultó su mejor registro, en el último intento. Nuevamente, récord argentino, que lo ubicó 6º y le otorgó el diploma olímpico. Quedó a 1,05 del vencedor, el polaco Tomasz Majewski.
LONDRES (De un enviado especial).- La medalla dorada olímpica en lanzamiento de bala sigue en poder de Tomasz Majewski, que revalidó el título que conquistó hace cuatro años en Pekín. Con un lanzamiento de 21,89 metros, el polaco superó por tres centímetros al alemán David Storl, que obtuvo la plateada, mientras que el estadounidense Reese Hoffa, con 21,23m, se quedó con la de bronce. Cuarto fue el estadounidense Christian Cantwell, que tiró a 21,19m, y quinto, el canadiense Dylan Armstrong, que estableció 20,93m.
Germán Lauro, por supuesto, finalizó sexto con 20,84m. Pero no terminó en eso el paso del trenquelauquense por Londres 2012: pasado mañana participará en la especialidad de lanzamiento de disco. "Promete ser mucho más difícil que la de bala, pero ojalá logre repetir un rendimiento similar. Alcanzar dos finales sería algo espectacular", se ilusionó Lauro, que ya se proyecta hacia los Juegos Olímpicos de Río 2016: "Es posible seguir creciendo muchísimo más en lo técnico y lo físico; también eso me pone contento", señaló el atleta argentino, que para entonces tendrá 32 años.
LONDRES (De un enviado especial).- Si bien ambos estuvieron lejos de acceder a su respectiva final, las actuaciones de Rocío Comba (foto) y Juan Ignacio Cerra dejaron diferentes sensaciones. Lo producido por la cordobesa en lanzamiento de disco resultó aceptable. Concluyó con 58,98 metros, y es cierto que el registro la dejó 14» sobre las 17 competidoras en su serie y 26» sobre las 35 totales, pero a la vez Comba no anduvo lejos de su mejor marca personal, de 59,99 metros, que es el récord nacional.
El que sí estuvo bien por debajo de su potencial es el santafecino Cerra, que con 68,2 metros en martillo resultó último entre quienes establecieron marcas en su grupo de 21 lanzadores, y 36º sobre los 41 participantes en total. Su mejor registro histórico es de 76,42; en caso de igualarlo, habría ingresado a la definición, como el penúltimo clasificado.
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