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Cuesta bastante creer la frase que dice este señor, que está a dos días de cumplir 33 años, mientras festeja su segundo triunfo consecutivo en la Doble Bragado y recibe el cariño de los aficionados, que lo fusilan con sus cámaras fotográficas.
Juan Curuchet se confiesa: "Hace seis meses no tenía demasiadas ganas de seguir. Para qué, nos preguntábamos con mi hermano Gabriel, si ya hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance. Pero a fin de año nos enteramos de que nuestra prueba favorita, la americana, iba a ser incluida en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Cada deportista tiene una llama. Eso me hizo encenderla nuevamente. Fue un estímulo muy grande". Su frase termina con una sonrisa, algo que nunca le falta. "Vamos a ser viejitos, pero les vamos a dar trabajo a todos. Por algo el año último terminamos tercero en el Mundial de Perth, en Australia, y estamos segundos en el ranking mundial." Un poco más serio, comenta que el trabajo apunta a ganar la medalla dorada en los Juegos Panamericanos, que se harán en Winnipeg, Canadá, el año próximo, lo que los clasificará automáticamente para la cita olímpica.
El jueves último pareció que todas sus ilusiones se venían abajo, con la dura caída de Gabriel durante la segunda etapa. Mientras que el mayor de los Curuchet comenzó rápidamente la rehabilitación de su clavícula fracturada, Juan no descansa. Hoy viajará a Europa para participar en dos importantes competencias: las Seis Horas de Euskal, en Irún, España, y los Seis Días de Milán, en Italia.
"Voy a extrañarlo un poco a Gabriel, ya que será la primera vez que corra un Seis Días sin él; dejame ver -calcula en voz alta-, fueron 46, desde 1985. Bastante. Por suerte, los organizadores aceptaron a Walter Pérez, que es compañero en el equipo Toledo y tiene un futuro bárbaro".
El equipo es, precisamente, una de las razones fundamentales para tantas victorias de los hermanos Curuchet. Su química no sólo se construyó en el trabajo y el sacrificio, sino que otro de los secretos es que su base es totalmente familiar.
Cuando lo fundaron con Gabriel, hace seis años, no sólo buscaron buenos corredores. "Queremos que los que entren sean buenas personas. Eso vale mucho, porque en una carrera se nota rápido quién es confiable y quién se corta solo".
En competencia, los auxilios corren por cuenta de su padre, Ovidio, y de Donato Prezioso, el papá de Roberto, otro de los ciclistas, mientras que la parentela de los demás ciclistas siempre está cerca para dar una mano. Hasta Miguel Clavero, el padre de su compañero fallecido, sigue ligado al grupo para brindar su afecto.
"Es muy importante que los que están cerca tuyo tengan esta confianza -admite Juan-; a nosotros, sobre todo en la competencia, nos tranquiliza mucho saber que podemos confiar ciegamente en ellos, porque su dedicación tiene eso único que siente un padre por su hijo. Además, contamos con la amistad de Antonio Toledo, que se brindó con todo, confiando sin dudar en todo lo que le propusimos".
Este mismo Juan Curuchet firma cuantos autógrafos le pidan y celebra junto a Yanina, su señora, y a sus tres críos. Es también el que el jueves, cuando conoció la lesión de su hermano, estalló en el colectivo que sirve como cuartel general del equipo.
"Reaccioné así porque somos dos apasionados de lo nuestro y me acongojó tanto lo que le podía doler a Gabriel la lesión como su sufrimiento por estar lejos de la bicicleta. Somos dos bichos que nos sentimos extraños cuando tenemos que caminar", completa con una humorada.
Lo de su hermano fue una desgracia con suerte. Aunque los médicos pronostican una inactividad de tres semanas, Juan apuesta a quien quiera escucharlo que su hermano estará arriba de la bici en pocos días. "La única que puede lograr que no se suba es su señora: hay que ver cómo lo tiene...", bromea.
Con la misma frescura de un adolescente, acepta que su gran sueño es llegar a Sydney con todo. "Mi temperamento me hace ir al frente siempre. Quiero ganar. Por suerte, al lado lo tengo a Gabriel, que es el que piensa y planifica todo. El está en todo, desde las cargas de entrenamiento hasta en lo que tenemos que comer. Creo que es la mejor combinación, porque con dos Juanes, seríamos un desastre, de tan enloquecidos por ir siempre adelante", concluye sin perder su característico buen humor.
Terminó como comenzó: primero. Juan Curuchet, del equipo Toledo, supo hacer las cosas bien y obtuvo, por segunda vez consecutiva, la Doble Bragado de ciclismo. Sin tentar a las brujas que el jueves le hicieron vivir un mal momento a su hermano Gabriel, no se preocupó demasiado por ganar la sexta y última etapa, pues su ventaja sobre el resto era casi decisiva.
El parcial tuvo un ganador que se repitió tres veces en la carrera: Flavio Guidoni, del Keops, mostrando sus habilidades de sprinter. Su tiempo entre Chivilicoy y Capital Federal (178 km) fue de 4h21m17s.
La caravana salió a las 8 por la ruta 7. Todo sin emociones hasta que, en Mercedes, Jorge Giles, de Crush Paraná, inició una escapada, ganando la meta volante.
La corajeada duró casi 90 km;tras pasar por Lujan, la distancia al resto era de 3m15s; en General Rodríguez, Giles la estiró a 5m2s. El Camino del Buen Ayre, con sus tantísimas subidas, le costó caro: el grupo lo cazó en la Panamericana.
Tras un par de huidas frustradas, la bajada de la Autopista Presidente Illia sirvió de tobogán para que Guidoni derrotara en la línea de llegada a Gastón Corsaro, de 3 de Febrero, y a Walter Pérez, de Toledo. En el grupo, tranquilo, llegó Curuchet: su tiempo final, tras 698 km, fue de 15h49m28s. Para los 87 ciclistas restantes, la satisfacción de haber concluido este clásico.
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