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Mareco: el diamante en bruto que no volvió a clases, pero nunca abandonó su pasión
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Terminó un año consagratorio para Sandro Mareco. Ganó cinco torneos en el exterior, algo insólito para un ajedrecista argentino y se afirmó en un ranking Elo en torno a los 2650 puntos, lo que lo consolida entre los 100 mejores del mundo. De sus logros hay que destacar el de Vietnam, donde participaron varios y fuertes grandes maestros, y el Magistral de Buenos Aires, con algunos de los jugadores líderes de Latinoamérica. Al ganar el Torneo Continental de 2015 lo encaramó entre los mejores del continente. Hoy disfruta de un presente deportivo magnífico, con grandes perspectivas. Pero no siempre fue así.
A los 15 o 16 años no estaba entre los más destacados de su edad. Por entonces, yo impartía clases en el Club Philidor de Morón (uno de los clubes sostenidos con el esfuerzo desinteresado de los aficionados y vitales para el desarrollo del ajedrez) y un día se presentó un joven pelilargo y fornido. Inmediatamente me sorprendió por la velocidad con que calculaba largas variantes complicadas. Le faltaban muchas cosas por aprender, pero era un diamante en bruto. No volvió a las clases. De origen humilde y díscolo, quería seguir su propio camino. Me pareció bien. Al poco tiempo lo volví a encontrar y comenzó a consultarme acerca de aperturas, estilos, jugadores, la vida del ajedrecista y otros temas. Era obvio que tenía una gran hambre de ajedrez. Quería progresar cuanto fuera posible. Le dije que tenía que recuperar el tiempo perdido, porque a su edad otros eran grandes maestros. Se puso a trabajar sin mirar atrás. En algún momento tuvo dudas, pero supo sobreponerse, y cuando en 2007 ganó el Panamericano Juvenil quedó claro para él y para todos que estábamos ante un gran ajedrecista.
Con el tiempo se fue puliendo. Encontró un maestro y consejero de primer nivel mundial en el veterano gran maestro sueco Ulf Andersson. En sus primeros tiempos Mareco era un jugador táctico, amante de las complicaciones y con Andersson aprendió el sutil juego posicional, indispensable para estar en la elite mundial. También corrigió algún aspecto conflictivo de su personalidad, que no era más que rebeldía juvenil. Sandro es noble y generoso. Eso lo engrandece como deportista y como persona.
Su humildad le permite adoptar sin problemas la postura del aprendiz, y a la vez estudiar tanto como sea posible para mejorar. El resultado está a la vista. ¿Qué puede lograr de ahora en más? Es joven, recuperó el tiempo perdido y está en una edad óptima para jugar. Para mí su objetivo debe ser meterse entre los 50 mejores. Es difícil, pero no imposible. Para ello deberá competir en el exterior, seleccionar sus torneos y rodearse de analistas de primer nivel. Incluso, si tuviera la oportunidad, ser él mismo analista de algún jugador de elite. La pasión por el ajedrez que siempre tuvo hará lo demás.
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