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Cuando sólo le faltaban cuatro días para cumplir los 90 años, y tal como se informó ayer, se despidió para siempre Sam Snead , poseedor de uno de los mejores swing de la historia para la mayoría de los que lo vieron y para muchos que sólo escucharon hablar de su leyenda.
El destino quiso que su última imagen golfística no se correspondiera con sus pergaminos. Pero nadie le reprocharía ese tiro de salida fallido en el último Masters, cuando su pelota salió desviada y golpeó la cara de un espectador rompiéndole los anteojos. Como cada año, Snead realizaba ese primer golpe simbólico en Augusta y aunque su físico ya no le respondía, jamás se hubiera negado a una distinción que cumplía desde 1984.
Su figura puede enterrar fácilmente ese desliz insignificante: 81 títulos en suelo norteamericano, un récord tan difícil de destronar como su triunfo a los 52 años y ocho meses en el Greensboro, en 1965, o como el corte que superó a los 67 años, en el Westchester Classic de 1979. Nadie pudo con esas hazañas. Como nadie podrá olvidar ese sombrero que fue su sello hasta el último golpe.
Alguna vez, Roberto De Vicenzo lo definió con admiración: "Me animo a afirmar que el mejor de todos fue Sam Snead . Fue un verdadero libro abierto del golf e hizo una aporte fundamental: revolucionó la manera de jugar. Tuvo un swing natural con un grip correcto y ésa fue la clave de su éxito. Además, le agregó un ritmo excelente y buena potencia a sus tiros.
"Desempeñó una forma de juego muy moderna y supo adaptarse a los hierros de la época. Su trayectoria resultó una fuente de consulta y de enseñanza permanente para los que le seguimos, al punto que todos, copiamos su manera de sentir y de jugar el golf".
