
Un humanista del siglo XX
Lo que distinguió a Guido Di Tella fue su extraordinaria vocación por construir ámbitos abiertos y plurales para la producción y difusión del conocimiento
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Reducir a Guido Di Tella a la figura de mecenas resultaría del todo insuficiente para discernir su perfil. Traspasó los límites convencionales del coleccionismo y la filantropía y su influencia permitió que cristalizara en la Argentina la revolución cultural más importante del siglo XX.
Creó e invirtió parte de su patrimonio en el recordado Instituto Di Tella, por el que pasaron muchos de los mejores artistas, pensadores y científicos de los últimos cuarenta años. "El Di Tella" se convirtió rápidamente en un faro de innovación, fue una herramienta de modernización política y social en la Argentina.
Política, porque allí se afirmaron ideas de libertad y se encauzó la energía propia de esos años; social, porque Guido Di Tella le imprimió al Instituto una misión arrolladora: la de ser una herramienta de acceso a la vanguardia del conocimiento y el arte para amplios sectores de la sociedad.
Comprendió anticipadamente la naturaleza de los fenómenos de masa y percibió la importancia de la cultura en el proceso de cambio y modernización de la Argentina.
Hombre de recursos con múltiples vinculaciones, usó su poder y posición para concretar en los hechos lo que sentía era su misión. Dirigió el Fondo Nacional de las Artes; donó parte de la magnífica y emblemática colección de los Di Tella al Museo Nacional de Bellas Artes; armó y cedió al Estado una de las más bellas y mejores colecciones de Arte Precolombino Argentino, cuando nadie hablaba siquiera de estas cosas; abrió el Instituto Di Tella a los artistas, intelectuales y científicos de las más diversas tendencias e ideas; subsidió libros, exposiciones y obras; repatrió a artistas e intelectuales. Y lo hizo a expensas de su fortuna personal.
Desde el Palacio San Martín, promovió nuestra cultura en el exterior, llevó y trajo exposiciones, ideas y creadores. Recuerdo con alegría y satisfacción los silenciosos lamentos de algunos embajadores argentinos con destinos en el exterior obligados a utilizar parte de sus presupuestos para repatriar obras de nuestros artistas exiliados o fallecidos en esos países. Como canciller, llevó adelante una inteligente y oportuna política de adquisiciones de obras de arte. Así, incorporó al patrimonio de la Nación celebradas piezas de los mejores artistas argentinos y la colección Hirsch de Arte Precolombino.
Ingeniero y economista, Di Tella se formó en las mejores universidades, y en muchas de ellas también enseñó. Fue académico, docente, empresario industrial, funcionario público, legislador, embajador y ministro. Nació y creció en una familia italiana de espíritu emprendedor, que supo transmitir a sus hijos el amor y la sensibilidad por las cosas bellas y los valores del progreso, la libertad y el respeto de los derechos individuales.
Di Tella tenía una pasión inmanejable por lo bello. Su respiración irregular y sonora cuando estaba frente a una obra de arte lo delataba. En estos casos, apenas hablaba, sólo murmuraba y emergía de golpe su personalidad curiosa, inquisidora, su ansiedad que no guardaba las formas.
Tenía un ojo y una sensibilidad atentos a lo nuevo. Lograba ver lo que nosotros no veíamos. Se anticipaba a lo que vendría. Quizá por esto último su adhesión al arte contemporáneo resultó algo natural. Lo recuerdo como un hombre de personalidad cautivante y, a la vez, contradictoria. Era orgulloso; a veces distante; lograba molestar e irritar. Terco, retraído y caprichoso, disfrutaba con su espíritu transgresor. Esa disimulada pero frecuente tartamudez era más un signo de su timidez que una postura estética.
En la madurez encaró un último y valioso aporte al país: el desafío de hacer la Universidad Di Tella. No me olvido de su insistente solicitud en el sentido de incluir en los programas de estudio de los alumnos materias artísticas y de contenido cultural. Su visión seguía siendo la misma: los contenidos valorativos, culturales y artísticos son imprescindibles en la formación integral, alientan el progreso y el desarrollo.
Convenció a las autoridades y a la comunidad educativa de los beneficios de incorporar dichos contenidos. Luego, puso a disposición de esa universidad la mejor biblioteca de ciencias sociales de América latina -la del Instituto Di Tella, que actualizó y completó- y contrató para la docencia e investigación a renombrados pensadores y científicos argentinos y extranjeros, y llevó el arte a los claustros de la joven institución.
El 31 de diciembre de 2001 moría Guido Di Tella, un gran humanista de la modernidad. Fue la última mala noticia de un mal año para la Argentina. Cuando hayamos dejado este mundo y la obra de muchos de nosotros no haya sido merecedora siquiera de una línea, la contribución de Guido Di Tella seguirá trascendiendo y marcando la vida de nuestros jóvenes.
El autor formó parte del Instituto Di Tella y es presidente de la Fundación Ceppa (Centro de Estudios para Políticas Públicas Aplicadas).
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