Sobrevivir
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Es temporada de monzones y en Karachi, alguna vez capital de Pakistán, “ciudad de las luces”, agitada urbe “que nunca duerme” por estos días son muchos los que apenas sí podrán conciliar el sueño. De tan repetido, el escenario abruma. Porque no es el del agitado centro financiero, el Habib Bank Plaza, el monumental mausoleo Mazar-e-Quaid o el orgulloso Museo Nacional de Pakistán, sino el de su contraparte, la que siempre –fatal, puntual, irreversiblemente– está: las barriadas que no merecen un lugar en la historia de la arquitectura, el resto de población para el que la vida, en Pakistán y en tantos otros lugares, es esto: aprender desde la infancia que cíclicamente las aguas subirán, el hogar será arrasado y la supervivencia dependerá, con puntualidad, del más apto. O del niño capaz de llevar sobre sus hombros la vida de un ser aún más pequeño.
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