
Sobre las emociones
EL OCULTAMIENTO DE LO HUMANO Por Martha C. Nussbaum-(Katz Editores)-Trad.: Gabriel Zadunaisky-424 páginas-($ 57)
1 minuto de lectura'
Martha C. Nussbaum es una perfecta representante de la más -¿cómo decirlo? ¿exquisita? ¿rancia?- elite académica norteamericana. De familia acomodada, estudió en New York University y en Harvard, donde se doctoró a los 28 años. Con cátedras en filosofía, derecho y religión en las universidades de Harvard, Brown, Oxford y Chicago, y veinticinco títulos honorarios de instituciones de Estados Unidos, Canadá, Europa y Asia, más otras importantes distinciones recibidas por sus libros, el listado de sus nombramientos y premios sugiere una línea recta ascendente hacia las más encumbradas alturas intelectuales.
Su origen privilegiado, sin embargo, no le ocultó otras realidades del reino de este mundo. No en vano Nussbaum trabajó con Amartya Sen, premio Nobel de Economía y autor de ensayos fundamentales como El desarrollo como libertad , junto a quien exploró la noción de capabilities , de capacidades mínimas que hacen posible el ejercicio de la libertad, en contraste con visiones abstractas. Desde ese lugar cuestionó algunos aspectos del trabajo de John Rawls -quizás el filósofo norteamericano más influyente de la actualidad y con quien en general concuerda-, al enfatizar la necesidad de considerar las situaciones concretas en que se abren o se obturan las posibilidades de elección para las personas. También han sido importantes sus obras y sus acciones en defensa de los derechos de la mujer, que la mostraron soberbia en las disputas académicas y humilde en su relación con grupos de mujeres de países en desarrollo.
En El ocultamiento de lo humano. Repugnancia, vergüenza y ley -publicado en inglés en 2004 y al que ya siguieron otras dos obras-, Nussbaum continúa su reflexión sobre las emociones, que había comenzado en 2001 con Upheavals of thought: the intelligence of emotions (todavía no traducido al castellano).
Miedo, vergüenza, gratitud, rencor ¿son impulsos irracionales o están vinculados con nuestra comprensión de las situaciones? ¿Son universales o cambian con las culturas? ¿Hay emociones "correctas" (es decir, las razonables considerando las circunstancias) o ésa es una construcción del derecho para justificar las desigualdades y sostener el statu quo ? ¿Las emociones se aprenden? Si es así, ¿pueden "desaprenderse" las emociones "equivocadas", desviadas de la norma social o deletéreas para la vida comunitaria?
Nussbaum explora estas preguntas estableciendo relaciones, fundamentalmente, entre la filosofía y el derecho. Un nudo fuerte de su reflexión es el problema de cuándo un asesinato puede ser considerado homicidio simple, culposo o legítima defensa en relación con el estado emocional de su autor. Explora entonces las circunstancias, la jurisprudencia, las ideas implícitas puestas en juego en casos judiciales recientes en los Estados Unidos. Su análisis es, a la vez, sutil y situado. Una mujer golpeada que mata a su marido mientras duerme ¿puede ser exculpada? Un hombre que se siente agraviado al cruzarse con una pareja de lesbianas haciendo el amor y las ataca ¿puede alegar emoción violenta?
Entre otras emociones, Nussbaum se ocupa de la repugnancia. Cita al experto en bioética Leon Kass, miembro del comité convocado por Bush para analizar la problemática de las células madre, quien propone utilizar esta emoción como criterio para fijar un límite frente a las posibilidades que ofrece la ciencia. Kass sostiene que la repugnancia -en inglés, disgust - "puede ser la única voz para salir en defensa de la esencia de nuestra humanidad". Cuestionando este enfoque, Nussbaum recuerda que este criterio, que muchas veces se usó para condenar la homosexualidad, no excluye necesariamente todas las formas de crueldad. Concluye entonces que puede ser un sentimiento social peligroso, "especialmente si conduce a la marginación política de grupos e individuos vulnerables".
La preocupación por la discriminación vuelve cuando Nussbaum considera la vergüenza. En una sociedad que apela a la cosmética quirúrgica y farmacológica, explora el valor del rostro en la vida cotidiana. ¿Una malformación muy visible condiciona la vida social? Y evaluando la vergüenza como un posible castigo -idea propuesta por filósofos liberales en los Estados Unidos-, ¿corresponde o puede ser útil castigar a delincuentes haciendo pública su falta, en lugar de deteniéndolos o multándolos? Nussbaum argumenta en contra de esta medida.
Si bien su posición es de principios, no duda en apelar también a argumentos psicológicos, en particular la noción de "estigma" de Irving Goffman, relacionada con la idea de que la "normalidad" se construye a partir de la exclusión y conlleva siempre la ansiedad por pertenecer y ser aceptados.
Nussbaum propone aceptar la realidad básicamente finita e imperfecta de la vida humana, un reconocimiento que resulta difícil a una sociedad altamente tecnologizada y controladora como la norteamericana actual. Su posición queda especialmente clara cuando habla de la discapacidad. Reclama alcanzar "una concepción política de la persona que encuentre sentido en el hecho de que todos tenemos cuerpos mortales que se descomponen y que todos tenemos necesidades y somos discapacitados de diversa forma y en grados diferentes".
Parece volver así a sus primeros trabajos sobre los filósofos estoicos, pero con una mirada atravesada por los pliegues, las asperezas, las minucias y abismos del siglo XXI. En síntesis, Nussbaum avanza en un trabajo profundo y articulado que constituye, simultáneamente, una aguda reflexión sobre nuestro presente contingente y nuestras contingencias eternas.



