Siberia y Palermo, unidos por una noche en tren
El Neo Muralismo de Llinás debutó en la vidriera de Mondongo; mucho frío y poca gente
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Siberia queda en Palermo, en Gurruchaga 2467. Sí. Dentro y fuera de la vidriera de la galería de arte de Mondongo. La primera madrugada de primavera despunta con un clima tan invernal que las imágenes desde el tren Transiberiano que se proyectan allí ni siquiera dan frío. Las ráfagas de viento atraviesan la calle y bailan al ritmo de la nieve que se levanta de los caseríos casi pobres que se ven desde el tren.
Mariano Llinás no podría estar más satisfecho con el debut público de Neo Muralismo, su nuevo proyecto artístico. Hay fuertes similitudes entre lo que se ve desde el tren y en la vereda. En casi cuatro horas de proyección, hay pocas personas en ambos lados.
Sorprende descubrir cuántos hombres pasean perros por esa calle, incluso un par de galgos que desfilan por el medio de la calzada. Y llama la atención también la poca sorpresa que genera esa pantalla, encendida y trasnochadora. "¿Qué venden acá? ¿Es una peluquería?", pregunta un delivery boy que toca el timbre en el edificio lindero para entregar una bolsa con comida. Tras la explicación dedica 30 segundos a mirar, justo cuando se escucha "Remolino", el tango de Rótulo y De Ángelis, que se confunde con el ruido de las ruedas del convoy, con la sirena de la ambulancia que pasa por la avenida Santa Fe y con los vidrios rotos del cartonero que vacía el contenedor en la vereda de enfrente, ajeno a toda manifestación artística.
El sonido del film es casi imperceptible, quizá para no molestar a los vecinos en su tiempo de descanso. "¿Por qué el muchacho no le abre la puerta y conversan más cómodos? Usted está toda mojada", recomienda Amelia, una señora mayor que detiene en seco su andar y tarda unos minutos en comprender que el muchacho, Mariano Llinás, habla con otro muchacho, Agustín Mendilaharzu. Los dos están a bordo del tren y reflexionan sobre el tipo de cine que el director de Historias extraordinarias quiere intentar. "Estas imágenes que estamos haciendo son narraciones sin ficción", le dice uno al otro en el film. La ficción se desarrolla en la vereda. El Transiberiano es una buena excusa para ver la "película" de los vecinos de la calle Gurruchaga en la primera y horrible noche de esta primavera.
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