
Sara, la mujer que protagonizó un milagro
Enferma y al borde de la muerte en 1995, su repentina curación abrió la puerta a la inminente beatificación de una monja argentina
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El médico que unas horas después debía hacerle un trasplante de hígado entró a la habitación con las manos en la cabeza, lágrimas en los ojos y una gran sonrisa, y le preguntó: "¿Yo no creo en nadie, y vos?".
Un poco intimidada, la paciente, de 23 años, respondió: "Sí doctor, yo tengo la estampita de la hermana Crescencia y le estoy rezando". Y el doctor le dijo: "Se ve que creés mucho en ella porque es la primera vez que la ciencia y los milagros se juntaron. No te vamos a operar y te sacaremos de terapia intensiva".
La curación de María Sara Pane, ocurrida en 1995, en el Hospital Italiano de la ciudad de Buenos Aires, fue reconocida por el Vaticano como un milagro por el que seguramente a fin de año el Papa declarará beata a Crescencia Pérez, la religiosa a la que rezaba aquella joven que hoy tiene 39 años y es una feliz abuela.
"Soy madre y abuela soltera, aunque ahora estoy de novia", contó a La Nacion durante una entrevista en la que relató lo sucedido hace 16 años, que, sin embargo, recuerda como si hubiera ocurrido ayer.
Hija de un piloto de la Fuerza Aérea que combatió en las islas Malvinas, Sara -como la llaman todos- nació en Mar del Plata y creció, por el trabajo de su padre, en Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires. Técnica de laboratorio, trabaja en el área de salud de un organismo estatal.
A principios de 1995, durante unas vacaciones en Córdoba, ella, su hijo -que por entonces tenía tres años- y su hermano se contagiaron de hepatitis de tipo A. Debido a las complicaciones derivadas de la diabetes que Sara padece desde la infancia, la hepatitis la llevó al umbral de la muerte.
Estuvo internada casi dos meses en el Hospital Aeronáutico, en Pompeya, hasta que, según dijeron los médicos a su padre, "le quedaban tres días de vida". La sumaron a la lista de emergencia nacional para trasplantes de hígado, un sacerdote le dio la unción de los enfermos y la trasladaron al Hospital Italiano. Pero la intervención no fue necesaria y desde entonces no tuvo complicaciones con el hígado y los análisis de Sara sólo muestran signos de diabetes.
La estampita con la foto de la religiosa fue una de las tantas que recibió en su lecho mientras estaba en terapia intensiva. "Cada uno que me visitaba me traía la de un santo diferente, pero yo me aferré a la que me dio una de las hermanitas que visitaban a los enfermos del Aeronáutico y que después supe que eran de la Congregación del Huerto, fundada por Crescencia Pérez", contó Sara, que hasta ese momento nunca había escuchado hablar de esa monja.
Ruegos
Durante casi 60 días no dejó de rogar a la religiosa que "cuidara" a su pequeño hijo, a sus padres, a su hermano. Pero mientras le hacían la última biopsia previa al trasplante los dolores eran tan fuertes y la sensación de que se acercaba el fin tan nítida, que rogó: "Crescencia, vos viste que siempre te pido por otros, pero esta vez dejame ser egoísta y pedirte por mí; permitime ver a mi hijo siendo un hombre".
Al término de ese estudio se sintió con ánimo y recibió a cada uno de los muchos familiares y amigos que hacían cola en el pasillo del hospital para dar lo que creían sería un último saludo.
Hasta unas horas antes, Sara había estado muy débil. En algún momento los médicos habían tenido que recurrir a un respirador artificial, y tenía el cuerpo entumecido. Sin mediar intervención alguna comenzó a recuperar las fuerzas y las ganas de comer, la sometieron a más análisis y, asombrados todos por su mejoría, le dieron el alta.
Desde entonces mantiene la amistad espiritual con su intercesora, mientras en Roma avanza el proceso para llevarla a los altares. Según puede leerse en la "positio", es decir, el volumen que certifica el milagro, la sanación tuvo que ver con la petición de intercesión de parte de sor Crescencia que hizo la joven, su familia y toda la comunidad religiosa de las Hijas de María Santísima del Huerto que la atendieron en el Hospital Aeronáutico, que había implicado también a su capellán.
Por iniciativa de las hermanas del Huerto la curación de Sara fue incorporada para el análisis de los abogados y jueces de la Iglesia, junto con otros cuatro casos de curaciones que fueron descartados como intervenciones evidentes de una fuerza inexplicable para la ciencia.
"Esta mujer es un milagro", comentan dos de los médicos que en los años 90 trabajaban en el Italiano y que ahora se cruzan con Sara en el mismo organismo donde trabajan.
¿Qué significado puede tener un episodio como éste en la vida de alguien? "Todavía estoy buscando ese significado. Siempre dije que por algo ella [la hermana Crescencia] me dejó viva. Siento que algo tengo que hacer? no sé, ¿será llevar a otros la fe que vivía ella?", reflexiona Sara, antes de emprender el viaje de dos horas y media que hace todos los días para volver desde el microcentro a su casa, en la provincia de Buenos Aires.



