San Telmo
Pasan las generaciones; cambian los públicos, los gustos, los modos de habitar y recorrer la ciudad. La plaza de San Telmo sigue ahí. Como el barrio que la rodea, la plaza –incluso entre las frases dichas en otros idiomas, los puestos pensados para el turismo y los coqueteos con cierta gentrificación– exuda algo muy parecido a lo auténtico. Si las ciudades tiene alma, a Buenos Aires se la respira mejor en San Telmo. Barrio desordenado, alegre, melancólico, decrépito en ciertas zonas, peligroso en otras, abierto en casi todas las esquinas; gritón, estruendoso en la risa y en la furia, amable con las reliquias antiguas, y las artesanías y diseños nuevos; vibrante en los muros plagados de grafitis, la música a todo trapo, los visitantes cool, los merodeadores reos. San Telmo es contradictorio, intenso, pleno de esa textura que, como la vida, derrama por fuera de cualquier etiqueta.
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