Río de fuego
Una vez al año, en el Parque Nacional Yosemite, en California, una cascada deja de ser agua y se convierte en fuego. La vemos en esta foto: un hilo entre dorado y naranja, vivo, luminoso, que deja su huella a través de la penumbra que ya cubre la pared rocosa de la montaña El Capitán. Desde ya, todo es un efecto lumínico. En cierto momento del año, cuando el invierno boreal va llegando a su fin –y en la medida en que se cumplan ciertas condiciones metereológicas– el sol del atardecer se refleja en el salto llamado Horsetail Fall y genera lo que muestra esta foto: la ilusión de que la sustancia que serpentea y se derrama entre las piedras no está hecha de agua, sino de fuego. Pero si el cielo está nublado, si la temporada de lluvias fue escasa o si el frío excesivo congeló la cascada, ningún prodigio acontece. La magia es magia, precisamente, porque puede ser esquiva.
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