"No tengo ningún sentimiento de vergüenza"
Tabita Peralta Lugones, bisnieta de Leopoldo Lugones, habla de su novela Retrato de familia , donde narra todo lo que nunca se dijo sobre las historias de suicidios, torturas, violaciones, incesto y drogas de los descendientes del escritor
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A pesar de lo que consta en el registro civil de Buenos Aires, Tabita Peralta Lugones nació el 1° de septiembre de 2009, hace cuatro días: a los 60 años, con cinco hijos, varios nietos y cuatro décadas de matrimonio con el mismo hombre. Nació con la aparición de su primer libro, Retrato de familia , una autobiografía publicada esta semana en Argentina por Emecé.
Esa falsa novela de 198 páginas es mucho más que el exorcismo de una terrible historia familiar, más que la "versión personal" de esa cadena espeluznante de suicidios, violencias y violaciones que marcó a su estirpe desde que su bisabuelo, el poeta Leopoldo Lugones, se suicidó el 18 de febrero de 1938.
Aunque Tabita no lo admita, ese libro es una forma de existir "al fin", de escapar al peso omnipresente y asfixiante de todos esos personajes monstruosos, apilados unos sobre otros, coaligados en la memoria, que le robaron la infancia y la adolescencia, la abandonaron, la ignoraron, la obligaron a partir, a exiliarse, a tratar de olvidar, a buscar excusas y pretextos, y a luchar hasta quedar sin aliento para arrancarse del cono de sombra al que la condenó el egoísmo feroz y extravagante de cada uno de ellos.
De todos los Lugones. Pero sobre todo de su madre, Pirí (1925-1979), musa del mundo cultural y literario del Buenos Aires de los años 60, cautiva de un pasado que tampoco a ella le dio tregua. Desenfrenada, caótica e inestable, terminó torturada y asesinada por los militares cuando estaba por ser abuela por segunda vez, sin haber visto a su hija durante más de diez años, ni conocer a sus nietos, pero únicamente preocupada por la desaparición de su último compañero.
-¿Este libro es un exorcismo?
-Más que un exorcismo es una forma de tratar de comprender. De poner orden en todo lo que se ha dicho de mi familia y, sobre todo, de contar lo que nunca se contó. Comencé este libro hace años. Lo escribí en francés, probablemente para tomar distancia. Lo traduje al español. La primera estructura era mucho más desordenada. Después comprendí que nadie entendería nada y decidí hacerlo como está: en forma de pieza de teatro.
-Más que un libro sobre los Lugones, a primera vista se diría que es un libro sobre tu madre.
-Es un libro sobre mi madre. Naturalmente, la historia de Pirí me marcó mucho más que la del resto de mi familia. Pero, en el fondo, también es un diálogo conmigo misma. Hay una parte de mí que no podía ponerse a escribir hasta que no me sacara esta historia de encima.
-¿Y lo conseguiste?
-Me la sacaré definitivamente con el próximo libro, que estoy terminando. Después dejaré la familia al borde del camino para siempre. Pero este libro tenía que escribirlo.
Retrato de familia es en realidad dos libros en uno. En el primero, Tabita trata de hablar de ella, quizás, por primera vez. Lo hace en forma desordenada, como los manotazos de un ahogado, como la inspiración desesperada de quien saca la cabeza del agua después de siglos de inmersión. "Esta mujer tiene un miedo profundo y enraizado porque a cualquier cosa en el mundo prefiere la lucidez. [...] A pesar de todo, a veces me encuentro sola. Por Dios, hasta cuándo tendré que buscar", afirma la protagonista.
El segundo libro es el relato cronológico, feroz y seguramente incompleto de las abominaciones familiares. Desfilan así el suicidio de su bisabuelo Leopoldo, que a los 64 años tomó un vaso de whisky con arsénico en una habitación de la posada El Tropezón, en el Tigre; el suicidio de su abuelo Leopoldo Lugones hijo, "Polo" (1897-1971), descrito en la novela como corrupto, pederasta, violador y sádico, conocido por haber introducido la picana eléctrica en Argentina e inventado otros instrumentos inmundos de tortura; el suicidio de su hermano Alejandro, destruido por las drogas y la desesperanza, que se colgó de un árbol en el mismo lugar que su bisabuelo, cuando tenía sólo 20 años; la escalofriante sangre fría de su bisabuela materna Margarita del Ponte, suerte de Marquise de Châtelet porteña, que después haberse llevado a su lecho al joven neurólogo tucumano Marcos Victoria, lo obligó a casarse en segundas nupcias con su propia hija, Carmen Aguirre, la madre de Pirí.
Pero sobre todo se describe en ese segundo libro el descenso a los infiernos de Pirí Lugones, violada, según lo relata la narradora, por su padrastro, el muy respetado doctor Marcos Victoria, que se introdujo una noche en su cuarto cuando ella tenía 12 años y prácticamente nunca más volvió a salir hasta que ella se casó. Pirí y su complejo de renga, secuela de una enfermedad infantil. Pirí y su inteligencia. Pirí y sus amigos. Pirí y su encanto. Pirí y sus trompas atadas. Pirí y sus amantes. Pirí, el centro del mundo. Pirí y su ciego egoísmo?
-¿No le tenés rencor?
-Para nada. La quise muchísimo. Siempre digo que todo lo que sé hacer, se lo debo a ella. Y no sé por qué digo esto, ya que me fui de Argentina a los 20 años y en los 20 años siguientes sólo volví una vez. Pero Pirí fue una madre ejemplar hasta que se separó y tuvo que comenzar a trabajar para darnos de comer a mí y a mis dos hermanos.
-Sin embargo, al leerte, da la sensación de que toda esa historia es tan pesada que, para poder contarla, vas abriendo ventanitas y cerrándolas, antes de llegar al final de cada episodio. Hasta vos misma te lo decís en el libro. Hay una voz que en un momento te arenga: "Pero, ¿por qué no seguís con la historia?".
-Es probable. Y también intento contar mi viaje. Y la culpa.
-¿Culpa de qué?
-De no haber sabido. De no haberme dado cuenta de que la habían secuestrado. De que la estaban torturando. Tal vez, de haber seguido en Europa cuando se suicidó mi hermano. En ese momento sus cartas eran terribles. Pirí estaba deshecha. Pero en aquel entonces yo necesitaba alejarme. Aquí pasé años, entre Francia y España, sin decir cómo me llamaba, quién era. Poco a poco la vida se fue haciendo aquí. Mis hijos nacieron aquí, mi marido es español naturalizado. Yo soy la única que, curiosamente, siempre conservó su pasaporte argentino.
-¿Y qué te hizo cambiar de opinión?
-En 1995 salió un primer libro sobre mi madre, fantásticamente investigado por Analía García y Marcela Fernández Vidal. Entonces viajé a Argentina y probablemente algo pasó?
-¿Vos sabías cómo era tu madre o la descubriste en ese libro?
-Sabía cómo era. Con unas dificultades atroces. Siempre fue muy complicado vivir con ella. Cuando era adolescente, a veces intentaba imitar a mis amigas y le preguntaba a qué hora tenía que volver de alguna fiesta. Ella me miraba como si hubiese enloquecido y contestaba: "Yo qué sé a qué hora tenés que volver. Volvé a la hora que te dé la gana". Y seguía con sus cosas. Al colegio, por ejemplo, íbamos cuando queríamos o íbamos cuando se nos daba la gana. Yo siempre tenía 23 faltas y media. Me echaban de los colegios. Y ella decía: "Ahora te buscarás otro colegio". Las mujeres de mi familia fueron todas muy particulares. La parte femenina de mi familia fue muy pesada y muy densa. Su madre, mi abuela Carmen, también era un personaje. Yo viví muy próxima a mi abuela.
-¿Tu abuela sabía que su marido tenía una relación íntima con tu madre?
-No lo sé. Mi sentido común me dice que no podía ignorarlo. Pero mi abuela era del tipo "todo tiene que ser como debe ser". Era una perfecta burguesa que, por ejemplo, no podía aceptar que una chica viviera en pareja sin casarse.
-¿Y cómo era su relación con tu madre?
-Curiosamente, por diferentes motivos, la relación madre-hija entre varias generaciones siempre fue la misma. Mi bisabuela Margarita estaba peleada con mi abuela Carmen, imagino que también por culpa de Marcos. Ambas vivían frente a frente, en la calle Cangallo, y durante los últimos 30 años de sus vidas jamás se vieron. Mi madre hizo lo mismo con su madre. Se peleó con mi abuela, pero nosotros seguimos manteniendo con ella una relación permanente. Cuando Pirí desapareció, mi abuela, que era amiga de los militares, no movió un dedo por su hija. Fue como si dijera "Bueno, tu mamá decidió cómo vivir. Así será".
-¿Se decían las cosas en tu familia?
-Sí, todo.
-Sin embargo, vos decís todo el tiempo "No sé". Es como en el libro: cuando llega el momento de explicar la razón de las cosas, cerrás la ventana y pasás a otra cosa.
-Porque, ¿cómo podés saber lo que pasaba entre Leopoldo Lugones y su mujer? Yo recuerdo larguísimas conversaciones con mi madre sobre ética. Recuerdo discusiones. Pero fundamentalmente lo que estaba por encima de todo era la libertad de cada uno de hacer lo que le parecía. Una libertad que aplastaba la de los demás, desde luego.
-Vos contás que Marcos Victoria violó a tu madre, pero en ningún momento decís que esa relación duró años. Además de contarte que la había violado a los 12 años, ¿tu madre te dijo si lo había querido, si ese hombre le había dado algo, le había enseñado algo, si lo odiaba?
-Esas cosas son muy complejas siempre.
-¿Vos lo conociste?
-Muchísimo.
-¿Y que sentís por él?
-No tengo ningún sentimiento de venganza ni reivindicación alguna. Creo que la vida de la gente es como es y que uno no puede pasar cuentas. Con Marcos tuve una relación especial. Me acuerdo que emanaba de él algo sexual. Recuerdo haberme tirado al suelo a los 11 ó 12 años para que no me diera un beso. Pero, bueno, ya era un viejo.
-Pero ¿no creés que todas las demás decisiones que tu madre tomó después en la vida estuvieron determinadas por esa violación?
-Mi madre era una herida viviente: a los cinco años sus padres se separaron, ella tuvo una tuberculosis ósea y estuvo enyesada durante años, quedó renga y después vino el descubrimiento de que su padre era un torturador porque lo publicó la prensa?
-¿Su renguera le pesaba mucho?
-Sí, pero nadie se daba cuenta porque ella era la persona más inteligente, más sagaz, más capaz. Era la persona más brillante que yo conocí para las discusiones. No bebía, fumaba un cigarro tras otro, pero era una luz, una luz... Al principio, durante años, no me ocupé de ella. Su vida me interesó después.
-Vos dijiste alguna vez que tu madre también se había suicidado.
-Suicidado, no. Pero creo que ella misma buscó ese final.
-¿Alguna vez se te ocurrió suicidarte?
-Jamás. Yo soy una vitalista. Ni siquiera creo en la depresión.
-Y tus hijos, ¿qué relación tienen con la historia familiar?
-Cada uno es diferente. Las chicas mayores se sienten más próximas. Los varones rechazan más. Pero es cierto que ninguno nació en la Argentina y están muy lejos de todo eso. Yo también pasé años tratando de que esto no tuviera mucha importancia en mi vida. Recién ahora he decidido que había que comenzar a ocuparse.
-¿Qué significa publicar este libro para vos?
-Publicar el libro es una satisfacción. Era un sueño. Hasta ahora, a pesar de haber hecho tantas traducciones, guías turísticas y libros eróticos, me sentía al margen. Después de esto, tengo fuerzas para hacer cantidad de cosas. Tenía que ser y no llegaba nunca. No llegaba. Durante 40 años firmé Tabita Peralta. Hoy, por primera vez, firmo "Tabita Peralta Lugones". Es todo un descubrimiento...
"Esta mujer lleva un collar de perlas alrededor de la desdicha. Porque viene de una familia de ahorcados", afirma la protagonista en el libro. El día que recibió a adn cultura en su luminoso departamento de París, Tabita Peralta Lugones no tenía collar. Esa mujer atractiva y accesible, con mirada de muñeca española y aspecto juvenil, llevaba un par de aros verdes. Y un escote generoso, como sus ganas de vivir.
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