
"No ha cambiado nada; este gobierno es ultraconservador"
En su ensayo "Qué hacer", Marcos Aguinis propone soluciones a la crisis argentina
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"Si queremos que la Argentina salga de su crónica decadencia, que disminuya la pobreza, que desaparezca el hambre y se termine la exclusión, lo que hace falta es inversión productiva. Si hay otra fórmula, que me la digan." Habituado a formular diagnósticos sobre el país con precisión de cirujano, el escritor Marcos Aguinis procura avanzar ahora y explorar las posibles vías de recuperación.
Y lo hace en su último libro -"Qué hacer" (Planeta)-, un ensayo donde proclama las bases para el renacimiento argentino, retomando el estilo de diálogo y conexión directa con el lector que ya había esbozado con singular éxito en "El elogio de la culpa".
"En mi último libro extremé aún más ese estilo, como si tuviera al lector tomado de la mano. Continuamente le hago preguntas, le anticipo, lo mantengo despierto y alerta para que sostenga la capacidad crítica", sintetiza Aguinis, que hoy, a las 14.30, recibirá en la Feria del Libro el premio Vocación de Oro, otorgado por la Fundación El Libro y el sello Lázara Grupo Editor, que cada año convoca a estudiantes para que se enriquezcan en la muestra con el pensamiento de figuras consagradas. También expondrá el jueves, a las 20.30, en un acto organizado por la embajada de Israel y la AMIA, y el 1° de mayo, a las 18.30, cuando presentará su libro "Qué hacer" con un diálogo abierto con el público.
"Escribí este libro con la esperanza de ayudar a que se eleve el nivel del debate. En la Argentina, los debates parecen de gallinero, con las alas cortadas, muy ramplones, y eso me fastidia. Estamos sometidos al día a día sin desarrollar una mirada estratégica, ni pensar el país que queremos dentro de diez años", resume Aguinis, en una entrevista con LA NACION.
-¿Es un problema de la Argentina solamente?
-Es un problema cultural de toda la sociedad. La Argentina no ha decidido todavía hacia dónde ir. Es como un barco que da vueltas en alta mar y no sabe dónde dirigirse. Se nos van las generaciones y estamos atados a una crónica decadencia.
-¿Se puede salir adelante mientras persiste una baja credibilidad en la clase política?
-Es difícil. Hemos dejado que muchos problemas se hicieran demasiado grandes, por lo cual es mucho más difícil y doloroso corregirlos. La Argentina es un país emocionalmente muy susceptible, muy voluble, cambia permanentemente. La esperanza mía es que este cambio emocional pueda en algún momento ser positivo y cambie la tendencia. Que se deje de pensar que el país debe ser como Venezuela o Cuba y pensemos que debe ser como Nueva Zelanda, Irlanda, España, Chile.
-¿Allí no se dan esos cambios emocionales tan vertiginosos?
-No. Tenemos un vecino como Chile, que nos ha dado una lección en cuanto a la continuidad institucional. Cualquiera gane la próxima elección, sea de la concertación o de la centroderecha, no habrá cambios importantes en Chile.
-¿El gobierno argentino desaprovecha el rédito político de la salida del default?
-Uno debe sospechar que Dios ama a la Argentina, porque le ha dado tantas oportunidades. Pero los argentinos somos extraordinariamente hábiles en echarlas a perder, malograrlas. Además, muchos formadores de opinión y muchos políticos siguen considerando las inversiones extranjeras como un desembarco enemigo colonial, que nos va a quitar la soberanía. Esto es algo tan antiguo, tan desubicado, que ni siquiera la China comunista lo aplica.
-¿Este sentimiento se extiende a la población?
-La población está contaminada por esas ideas arcaicas, que son ideas zombies, porque son ideas que debían estar en el sepulcro y se mueven entre los vivos como si merecieran estar vivas. Son ideas muertas, que causan risa. Muchos creen que el país sólo cambiará de tendencia si tiene un terremoto político social. ¿Tenemos que esperar un gran tsunami para recién abrir los ojos? ¿Por qué no lo prevenimos?
-¿No hubo ya terremotos?
-Ya los hubo. El corralito fue un terremoto. La caída de un gobierno constitucional mediante cacerolazos, también. Pero da la impresión de que volvemos a lo mismo, porque recurrimos a tramoyas para engañarnos a nosotros mismos. Por ejemplo, se quiere hacer creer que la actual administración es completamente distinta de la de los años 90. Y la sociedad se ha tragado esa idea tan falsa. Porque los que están actualmente en el gobierno son todos menemistas. Desde el Presidente hasta el jefe de Gabinete han apoyado a Menem. Incluso la señora de Kirchner fue legisladora y votó leyes que Menem pedía. Fueron todos menemistas. Yo no fui menemista. Ellos sí fueron. Y quieren hacer creer que están en contra de ese modelo.
-¿Por qué prendió en la gente ese discurso?
-La gente se lo tragó porque es mucho más fácil aceptar un cuento ingenuo que no aceptar ninguno. Es mucho más fácil echarle la culpa a alguien que está cerca. Y así evitamos lo que causa tal vez más angustia: aceptar cambios. Este gobierno no hace ningún cambio importante en nada. No ha habido reforma política, no hay reforma tributaria, no hay reforma judicial, no hay reforma educativa. Nada. Este gobierno es ultraconservador; no ha cambiado nada.
-¿Cuáles serían las bases para el renacimiento argentino?
-En primer lugar, tenemos que combatir la anomia, cada vez más creciente. Los argentinos hemos perdido esa noción fundamental de que los derechos de uno terminan en los derechos de los demás. Da la sensación de que cuando cualquier grupo reclama incluso legítimamente se cree que puede hacerle la vida imposible al resto de la nación.
-¿Estas prevenciones se dan en todo el mundo?
-Se dan en los países atrasados. En América latina he notado que hay una resurrección de las equivocadas ideas de los 60 que mediante la violencia se podían conseguir mejores resultados. En América latina, los países donde la guerrilla actuó, son atrasados. En cambio, los países donde la violencia no existió -Canadá, Australia, Nueva Zelanda- crecieron.
-Frente a este escenario, ¿usted es optimista o pesimista?
-Yo quiero mantener mi esperanza. La Argentina es muy rápida para cambiar de tendencia. Sueño con que la tendencia actual, que es arcaica, decadente, conservadora, falsa, utópica, sea reemplazada por una tendencia moderna, progresista en serio, igual a la de los países prósperos.
Agenda
Lunes 25 de abril
Enrique Pinti, autor
18 hs
En diálogo con Canela, Enrique Pinti presentará su libro "No sé por dónde empezar", editado por Sudamericana, en la sala José Hernández.
"Maldita Guerra"
19 hs
Presentación del libro "Maldita Guerra: nueva historia de la guerra del Paraguay", del historiador brasileño Francisco Doratioto, editado por Planeta. Participarán Tulio Halperin Donghi y Fernando Rocchi. Sala Victoria Ocampo.
Fernando Savater
20.30 hs
Fernando Savater presentará su libro "El gran laberinto", publicado por Planeta. Sala Leopoldo Lugones.
- Más información en www.lanacion.com.ar y en la agenda cultural de la 4a. Sección.


