

El 13 de julio pasado, Rosal cerró un ciclo. Después de trabajar 15 años juntos, María Ezquiaga, Martín Caamaño y Ezequiel Kronenberg decidieron tomarse un descanso "por tiempo indeterminado", una forma elegante de definir la interrupción de un proyecto artístico sin dejar la puerta cerrada para un reencuentro futuro. "Simplemente, nos tomamos un tiempo para hacer otras cosas", explica Ezquiaga. "Tenemos varios temas grabados que vamos a ir editando de algún modo, pero al menos este año no vamos a seguir tocando en vivo".
Si se nota que no hay clima de clausura definitiva, tiene lógica: antes del concierto de despedida en el coqueto Cultural Morán y este paréntesis autoimpuesto, Rosal publicó en plataformas de streaming un EP de tres canciones que deja muy claro que musicalmente la banda aún tiene mucho para ofrecer. "Para ahuyentar el miedo", "Para decirme lo que siento" y "El universo canta" revelan una evidente fascinación por la música de Luis Alberto Spinetta, pero trascienden el mero homenaje para imponer su propia personalidad.
"Llegamos a la grabación con una idea muy concreta: hacer un disco en el que todos los sonidos fueran provenientes de la guitarra como fuente sonora. Desde el sonido de las cuerdas hasta los golpes sobre la caja, los samples iban a partir de la guitarra", cuenta María. "Queríamos ensayar mucho antes de grabar, hacer algo distinto de lo que hicimos en Un fuerte en el corazón (2013), un disco mucho más mental en el que Ezequiel programó casi todos los ritmos que luego tocó el baterista, Manu Caizza. De la idea inicial quedó poco, pero sirvió como punto de partida".
Cuando observa el recorrido de Rosal desde la perspectiva del presente, Ezquiaga nota que el grupo fue evolucionando con el paso del tiempo: "Creo que fuimos profundizando nuestra mirada y nuestra forma de hacer música, trabajando más en cada detalle. La banda fue cambiando mucho, y, en todo momento, partimos de la intención de buscar algo original. Yo siento que los discos son genuinos, y eso lo valoro mucho. En general, le ponemos mucho amor y mirada a lo que hacemos. Estos años fueron una auténtica expresión de nuestra estética, no solo en lo musical. Nuestra impronta quedó plasmada también en las portadas, los flyers y los videos".
Desde que Rosal hizo su aparición en escena hasta hoy, la industria musical cambió radicalmente, una transformación que María analiza con equilibrio: "A mí me encanta que se abran posibilidades", dice. "Este nuevo panorama tiene sus pros y sus contras. Me gustan muchas propuestas nuevas que, a partir de que la música se escucha y se difunde de forma digital, están apareciendo en el formato EP o con un solo tema. Si a uno le sirve para lo que quiere decir, alcanza. En el caso de Para decirme lo que siento, a nosotros nos sirvió el formato EP para ir mostrando lo que íbamos terminando. Son solo tres temas, pero hay un concepto que los une. Los discos conceptuales van a seguir existiendo".