Infancias
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En la niñez todos somos iguales. Observen sino a esta niña. Hagan caso omiso del lugar donde se tomó la foto, deténganse solo en ella: el vestido rosa, la hebillita en el pelo, el rostro límpido, serio con esa particular seriedad que a veces los niños saben portar. Mírenla solo a ella, olvídense del pesado ropaje del que emergen las manos de mujer que la sostienen. Podría ser una niñita fotografiada en cualquier ciudad del mundo, habitante de la emoción, las sorpresas y los juegos que acompañan toda crianza. Pero irremediablemente llegará el día en que tendrá que deletrear, en su lengua, lo que nosotros conocemos como “el talibán”. Y ya no habrá miradas despiertas desde la ventanilla de un auto, ni brazos desnudos en un espacio público; la sola idea de autonomía se convertirá en un trofeo esquivo, una meta a conquistar con todo un régimen en contra.
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