
La vuelta de Jacobo Deza
En esta entrevista, el escritor español Javier Marías habla de Baile y sueño, la segunda parte de su trilogía Tu rostro mañana, que acaba de aparecer en España. El protagonista es un hombre capaz de ver en la cara de una persona lo que será en el futuro. Ese don lo lleva a ser empleado por el servicio secreto británico y a vivir situaciones violentas
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Javier Marías está escribiendo la novela más larga (y tal vez la más importante) de su carrera. Es una obra compleja, reflexiva, violenta; "humorosa" a veces, inquietante casi siempre. Se llama Tu rostro mañana. La primera parte, Fiebre y lanza, apareció en 2002. La segunda, titulada Baile y sueño, acaba de publicarse. Falta una tercera, aunque Marías, celoso de su libertad, no promete escribirla y, en caso de hacerlo, no asegura que sea la última. "Yo la veo como una de esas novelas, que ha habido a lo largo de la historia, en las cuales uno se puede instalar en un mundo -dice-y en ese mundo estar a gusto o a disgusto. Si está a disgusto, lo deja y se va, y más aún en este caso ya que la voy publicando por partes, pues supongo que a quien no le gustó la primera no se le ocurrirá comprar la segunda."
Así habla Marías en el bar del hotel barcelonés donde nos hemos dado cita. Escuchándolo uno reconoce la respiración particular de su prosa: las repeticiones, los incisos. Modula sus dichos con giros que la entrevista sin remedio omitirá: "de algún modo, casi, relativamente". Un hombre civilizado, un hombre cortés, aunque puede ser inflexible. Fuma. Parece contento de su obra y algo cansado. Más tarde, en la conferencia de prensa, dirá que ha pensado abandonar el género novela cuando acabe ésta. De momento sigue explicando su cualidad de novela incesante: "Si tú ves el Quijote, en realidad don Quijote muere al final de la segunda parte, pero nada muy determinante hubiera impedido que siguiera viviendo. Entonces éste es un libro que podría no terminar hasta que yo me canse o me muera o hasta que los lectores se cansen y nadie lo compre".
Interprete de vidas
¿Cansarse, los lectores? Hace dos años Fiebre y lanza fue celebrado en forma unánime. Fue uno de los libros más vendidos en España y hasta ganó un premio prestigioso, el Salambó, algo insólito para un libro que forma parte de un ciclo aún inacabado. Marías se cansó de repetir que no era una novela de espías. Pero ahí estaban las aventuras de Jacobo Deza, un hombre capaz de ver en los rostros presentes lo que serán mañana, empleado ostensiblemente por el MI6, el servicio secreto británico. Observo que Jacobo, en este segundo volumen, parece tener dudas crecientes sobre su capacidad como "intérprete de vidas". Marías matiza:
-Si tú recuerdas el primer volumen, el viejo profesor Wheeler, que es quien lo mete en este asunto, le explica que él posee esa capacidad infrecuente y él se sorprende. Cuando empiezan a pasarle videos de personas y a decirle ?Usted cree que esta persona haría tal cosa o dejaría de hacer esta otra´, él inicialmente dice: ?No lo sé´. Es un proceso de atrevimiento, de irse atreviendo a ser arbitrario. Una arbitrariedad semejante a la que tenemos delante de la televisión, donde aparece una persona y a los treinta segundos estamos pensando ?Pero qué imbécil´ o ?Qué mentiroso´ o bien ?Qué encanto´ o ?Esta persona es de fiar´, eso lo hacemos todos. Recuerda que el título del conjunto, Tu rostro mañana, hace referencia a la incapacidad que tenemos para conocer el rostro que tendrán mañana las personas que nos son cercanas o incluso el que tendremos nosotros mismos.
-Y tú, ¿lo has intentado alguna vez? ¿Prever lo que alguien hará o dejará de hacer, y acertar?
-Bueno, más que intentarlo yo mismo? Es frecuente que uno tenga avisos. ¿Quién no ha sufrido decepciones o sorpresas? ¿Quién no ha dicho "Esto es lo último que me hubiera esperado de esa persona" o "Esto no es propio de ti"? O bien oímos en una pareja que se separa: "Este ya no era el hombre con el que yo me casé". ¿Cuántas veces no decimos también "Me juego el cuello a que esto no sucederá" o "Pongo las manos en el fuego"? La propia lengua está llena de expresiones de ese tipo, que afortunadamente no son literales, porque andaríamos todos con las manos muy quemadas o sin cuello. A menudo tenemos avisos que, sin embargo, no acabamos de aceptar, sobre todo cuando se trata de personas queridas. Y en Tu rostro mañana se habla, entre otras cosas, de cómo a menudo echamos esos avisos en saco roto.
-Es conmovedor cómo, a medida que avanza el libro, Jacobo parece hacerse más vulnerable.
-Sí, bueno, y además sin que sea tampoco algo muy claro, es decir que las cosas suceden muy rápido. Entonces, cuando ya tiene una cierta capacidad de reflexión sobre lo que ha ocurrido, se da cuenta de que tuvo miedo.
La violencia real
Marías se refiere a una de las escenas más impactantes del libro. Jacobo y su jefe, Bertram Tupra, deben reprender a cierto insufrible agregado cultural español por una indiscreción. Tupra, inesperadamente, saca una espada; el agregado se aterra y Jacobo también. La escena, según la costumbre de Marías, está entretejida con reflexiones diversas. "Hay unas dilataciones del tiempo -precisa Marías-. Primero aparece esa espada, que no se sabe de dónde ha salido ni por qué, a comienzos del siglo XXI, imagínate, es una cosa extravagante, ¿no? Y en vez de seguir narrando, como sería lo normal, lo que sigue es una reflexión sobre el arma y sobre lo que la espada significa y por qué da tanto miedo."
-Me parece que el lector se encuentra con unas dosis de violencia inhabituales en tus libros.
-A mí me interesaba recuperar la idea de la violencia real. Estamos muy acostumbrados a la violencia de la ficción, no hay que hacer grandes dramas al respecto. No soy de los que se horrorizan mucho con la violencia en el cine o en la televisión, creo que la violencia en el cine incluso tiene algo de coreográfico. La violencia que vemos en la televisión, yo creo que por el hecho de verla en una pantalla ya tiene algo de irreal, aunque sepamos que ha sucedido. Hay una especie de acostumbramiento a la violencia y se está perdiendo de vista lo que es la violencia en la realidad. Incluso basta a veces que dos personas empiecen a darse empellones en una reyerta en un bar para que uno literalmente se ponga malo. Y entonces esa escena, comparada con lo que estamos acostumbrados a ver o a leer, no es gran cosa; y sin embargo, produce un efecto más parecido a la violencia real.
Marías explica que en Tu rostro mañana la violencia es presente y pasada. En forma paralela a los trabajos de Jacobo (que debe adivinar si tal o cual hombre traicionará) se relatan hechos de la Guerra Civil española (donde tantos traicionaron o fueron traicionados).
-Me interesó mucho una historia que cuentas, la del escritor Emilio Marés, a quien los franquistas torturaron con banderillas de toreo antes de asesinarlo. ¿Es real?
-Es real el hecho. Hay dos atrocidades de la Guerra Civil que son relatadas en un momento dado por el padre del narrador. La primera es algo escuchado en un tranvía madrileño en el año 1936, se la he oído contar a mi padre. La segunda es una historia que sucedió: lo que es ficticio es quiénes lo hicieron y la escena en que esto se relata, pero el hecho sí, se lo he oído contar a mi familia. Lo hizo una partida de gente de alta sociedad, del bando así llamado nacional o franquista.
Humor entre líneas
No suele destacarse el humor de las novelas de Marías. Ahí está, sin embargo. Un ejemplo mínimo: a Jacobo Deza, mientras su jefe apalea al agregado, no se le ocurre nada mejor que recordar que en inglés solía llamarse a la Muerte Sir Death, aunque ahora mismo por suerte es sólo Sir Blow (Sir Golpe) o quizá Sir Thrashing (Sir Vapuleo o Sir Biaba). Un humor ligeramente absurdo, verbal casi siempre y tan inconfundible como su prosa. La conversación se ha distendido; hablamos de Michael Douglas, que según Marías se parece cada día más a Glenn Close; volvemos a las partes bufas de Baile y sueño y le digo que a veces debe de ser una tentación, para alguien con una reputación de compostura como la suya, actuar del modo exactamente opuesto.
Marías recuerda que una vez, Eduardo Mendoza y él, invitados al célebre programa televisivo francés Apostrophes, jugaron con la idea de aparecer disfrazados de maleantes.
-Pensábamos ir con unas patillas en hacha y con una navaja -sonríe apenas-, clavarla sobre la mesa y ponernos a batir palmas. Sí, claro que es una tentación. Quizá cuanto más joven se es más se tiene, pero yo la sigo teniendo de vez en cuando. Mendoza y yo pensábamos ir con unas camisetas a rayas casi de bandolero, con un tatuaje improvisado o dos, y decir con un acento espantoso: "Vú savé, mesié, yé ne cruá pá a la literatur?"
Ese es Marías: por momentos incisivo, por momentos ensimismado o doliente, pero dispuesto a desbaratar toda solemnidad con uno de esos disparates que él llama, clásico al fin, "la guasa". Se acaba el tiempo. Me cuelo con los periodistas en la conferencia de prensa, donde un Marías radiante nos asombra con una confidencia: si decidió publicar Tu rostro mañana en varios volúmenes fue para asegurarse de que su padre y su amigo Sir Peter Russell (que inspiró a un personaje del libro), ambos de edad avanzada, llegaran a verlo impreso.
"Debo decir que los dos siguen vivos", sonríe, ahora sí en grande, Javier Marías, que además de grave y guasón, y además de ser el más importante escritor vivo en lengua española, es un individuo afectuoso donde los haya. "Incluso han mejorado. De manera que digo medio en broma, porque a veces me divierte jugar a ser supersticioso aunque no lo soy: ?Mientras sigan intrigados con algo?´ No es que yo piense que mi novela es lo único que tienen en sus vidas. Pero bueno, en la medida en que pueda darles un pequeño aliciente para mantenerse en buena forma, pues a lo mejor sí que acabaré haciendo más."





