La vida y la camiseta
En este rincón de Moreno, las remeras de fútbol –la mayoría, de equipos locales– bailan bajo el sol, atraen las miradas, buscan la venta que haga que valga el día. No falta Maradona, a estas alturas dios pagano para multitudes no solo argentinas (y como buen dios pagano, cualquier cosa menos puro; cercano en el error, inalcanzable en la destreza). Se sabe que, a la hora del fervor –al menos por estas tierras y en estos tiempos–, pocas cosas como el fútbol. Alguna vez el sociólogo Pablo Alabarces sugirió que, en un país que carece de grandes festividades o tradiciones colectivas, el fútbol encarna cierta posibilidad de encuentro transversal, cantos, conexión, fiesta. Cierto que también están la violencia, los negocios, las subtramas non sanctas. Pero eso es otra historia, muy distinta de la que cuentan estas remeras, tan parte de la alegría como del férreo pulso de la supervivencia.
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4Tapan el mural que un artista argentino dedicó al Quijote para hermanar una ciudad argentina con Alcalá de Henares



