La vida amable
Se diría una postal. Se diría una esquina donde, en lugar de dos calles, los que se encuentran son dos universos, el de lo real, el de la fantasía. Desde este lado del mundo, Montreal es sinónimo de festivales de jazz y de cine, zona de encuentro de miradas, voces, lenguas. Territorio con fama de amable salvo por los rigores del invierno, algo que bien puede intuirse en esta foto. La nieve cayó sin pausa, la vereda –por la que avanza una mujer abrigada de pies a cabeza–permanece cubierta, y el manto blanco acumula unos cuantos centímetros de obstáculo helado. Sobre la pared, cubriendo toda la fachada como la ropa de abrigo cubre a la transeúnte, un mural que podría estar sacado de una caja de chocolates. Dibujos, colores, calidez ligeramente vintage, espíritu de historieta y los mil detalles de un pueblito alternativo, plácido en desplegar un vida que bien podría ser así de afable.
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