La conexión japonesa: arte oriental con presencia argentina
Una bienal y una trienal, al mismo tiempo y en dos provincias de Japón, presentan un amplio panorama contemporáneo, al margen del mercado globalizado
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OKAYAMA, Japón.- El arte contemporáneo es motivo de encuentro entre artistas de distintas naciones en Japón, y a la vez una herramienta para reactivar ciudades. Dos festivales congregan artistas en cuatro ciudades. El diálogo y los intercambios respetuosos y corteses, como todos son aquí, marcan la tercera edición de la Aichi Triennale y la primera de Okayama Art Summit.
Desde Tokio se llega en tren bala a cada parte de la isla, y camino a Aichi se ve el monte Fuji si hay suerte y el cielo está despejado. En ese territorio, las piezas se despliegan en tres ciudades y cinco sedes. Participan 130 artistas de 38 países y la consigna que los engloba tiene que ver con los viajes y el color: se titula Rainbow Caravan (caravana arco iris). Y tiene sentido, si se piensa en las horas de vuelo que los artistas hicieron para llegar desde México, Bélgica, la India o Rusia para acercar colores, formas, sensaciones y conceptos.
Ganan las instalaciones, como en todas las bienales últimamente, pero acá se cruzan con la tecnología ultramoderna prácticas ancestrales japonesas, como la cerámica y la pintura, y otras expresiones, como la ópera, las artes escénicas y el cine.
El perfil internacional está asegurado por el equipo de curaduría, que incluye tres japoneses y cinco extranjeros, y los artistas son tanto consagrados como emergentes. De los latinos, cinco son de Brasil, ya que la población proveniente de ese país es alta en Nagoya. "En esta edición, la intención fue expandir el área de procedencia de los artistas. Más de la mitad viene de afuera, de lugares lejanos. No tenemos mucha oportunidad de ver arte de América latina, Europa del Este o África", cuenta el director, Chihiro Minato, que es fotógrafo. El público, que estiman que para el final del encuentro llegará a medio millón de visitantes, es en su mayoría nacional. La intención no es convertir estas fechas en bienales globalizadas concurridas por los mismos artistas y curadores del circuito internacional, sino que tengan sentido en las comunidades locales, como fuentes de estímulo creativo, revitalización urbana y turismo interno. La Fundación Japón sólo invitó a diez periodistas de todo el mundo a visitarlas.
Las migraciones son una realidad acuciante, pero no hay en Aichi grandes tomas de posición política ni alusiones claras a las caravanas actuales. "Pensamos la trienal como una plataforma de procesos. No queremos llegar a la meta, no estamos seguros de adónde vamos, pero viajamos juntos", dice Minato.
En el Museo de la Prefectura de Aichi, ofrece la bienvenida el mural de pequeños mapas de lugares imaginarios compuesto por el estadounidense Jerry Gretzinger. El chino Liu Wei presenta bolas de libros compactados (llegan a pesar dos toneladas y al tacto son suaves como páginas de biblias) y el filipino Kawayan de Guia hace con película de cine reciclada caballos de tamaño real. Más japonesa es la obra de Mitamura Midori, que despliega su colección de minucias de la casa de sus padres: acá las miniaturas son devoción nacional. Otras obras de espíritu nipón son las de Shinji Omaki, una alfombra que cubre una sala enorme y que no se puede pisar, porque las delicadas pinturas realizadas durante un mes por quince personas se borran. Espacios y ciudades.

Desde el Sur
"Nunca había participado en un proyecto de esta magnitud. Gente de todas partes del mundo con obras increíbles", dice Adriana Minoliti, la única argentina invitada. Ahora está cursando una residencia en Francia, pero la primera quincena de agosto estuvo en Nagoya montando su exposición en una ex fábrica de textiles, el edificio Hotta-Shoji. Se trata de una instalación, Play Pen 3.0, que ocupa toda una sala, que es la fusión de otras dos que presentó en 2015. Minoliti suele combinar en sus obras arquitectura, diseño gráfico y artes visuales, siempre con un componente feminista y queer. "Mi trabajo remite a esta búsqueda de relación entre geometría y sexualidad", explica. "Recreé una fantasía de espacio de convivencia. Inventé un dormitorio colectivo, que no es ni el de la familia, ni el de pareja, ni la soledad. Un módulo de convivencia. Imprimí collages digitales para hacer los cubrecamas, que recrean casas de muñecas o dibujos animados: la imagen como abrigo, como la sábana infantil con personajes que la mercadotecnia sólo permite a los chicos. Esos motivos se repiten en pantallas frente a cada cama, como GIF. Instalé un dibujo de gran tamaño que es una crítica o sátira del modulor de Le Corbusier: esa medida del hombre ideal que mide 1,80 es la base para calcular la altura de la mesa, la silla, la mampara... y deja afuera a un montón de gente", cuenta la artista.
Otro caso es el Okayama Art Summit, en la prefectura de Hiroshima. Un exitoso empresario de la moda y coleccionista, Yasuharu Ishikawa, se alió con el gobierno local de su tierra natal para organizar una bienal internacional, que inauguró anteayer. Con la idea de atraer visitas y dar forma al proyecto de abrir el primer museo de arte contemporáneo de la ciudad, convocaron al artista estadounidense Liam Gillick para ser el director artístico. La ciudad tuvo que ser reconstruida después de la Segunda Guerra Mundial. Las obras de esta cumbre la han cambiado la cara a Okayama en este fin de semana largo de fiesta nacional: el propio Gillick donó a la ciudad su torre de colores e instaló una minicancha de golf en el patio de una antigua escuela. Al pie del castillo imperial, hay una instalación de Rirkrit Tiravanija, nacido en la Argentina, pero residente entre Tailandia, Berlín y Nueva York: "Es una ceremonia del té desarrollada. Lo mismo que en la obra que exhibo ahora en el CCK de Buenos Aires, me interesa trabajar siempre en relación con el contexto", explica. Globalizado pero enraizado, buen signo de esta época.
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