
"La Argentina engañó a los ahorristas", dice Ferruccio De Bortoli
Crítica visión del ex director del Corriere
1 minuto de lectura'
ROMA.– Considera “un escándalo” que la Argentina piense devolver, apenas, el 25 por ciento de la deuda a los bonistas italianos damnificados por el default y asegura que harán falta “años y años” para que la Argentina e Italia se recuperen de la ruptura que ese tema ha causado.
Aunque dice amar muchísimo a la Argentina, que conoce muy bien, Ferruccio De Bortoli, ex director del Corriere della Sera, es muy severo a la hora de hablar de la dura posición adoptada por nuestro país ante los tenedores de tango-bonds. “Es equivocado desde el punto de vista de las relaciones internacionales y desde el punto de vista de la Argentina”, dijo, en una entrevista con LA NACION.
Milanés, licenciado en jurisprudencia e inmerso en el mundo del periodismo desde los 25 años, De Bortoli, una figura muy reconocida en ambientes culturales italianos, estuvo al frente del Corriere della Sera durante seis años.
Hoy es director ejecutivo de RCS Libri. Entre otros temas de actualidad, De Bortoli, de 51 años, habló de los medios de comunicación y de sus interrogantes, que van desde si deben mostrarse los videos de las horripilantes decapitaciones –“el patrón es que las verdades no se esconden”, señaló–, hasta si es posible que un medio sea realmente independiente.
Criticó el hecho de que el más grande empresario de los medios de Italia –Silvio Berlusconi– sea, al mismo tiempo, jefe de gobierno –“algo que no sucede en otros países”– y se manifestó preocupado por algunos episodios que hubo recientemente en su país, indicadores de una "relación enferma entre el poder y la información".
-Antes de llegar a la dirección del Corriere, usted fue varios años jefe de la sección económica de ese diario. ¿Qué opina de que la Argentina haya planteado devolver apenas el 25 por ciento de la deuda de los pequeños ahorristas italianos?
-Creo que es un escándalo, porque 450.000 ahorristas italianos, creyendo en la Argentina, decidieron comprar títulos garantizados por el Estado. Es decir: hay un engaño en la base de todo esto. Ciertamente, la Argentina tiene sus dificultades y creo que debe ser puesta en condiciones de superarlas, pero pienso que decepcionar totalmente a los ahorristas es equivocado. Es equivocado desde el punto de vista de las relaciones internacionales y desde el punto de vista de la Argentina. Creo que pasarán años antes de recuperarnos de esta ruptura en nuestras relaciones. Años y años.
-¿Hay una ruptura en las relaciones?
-Hay una ruptura de confianza, aunque no es totalmente culpa de la Argentina, porque es también culpa de bancos italianos que han colocado títulos muy riesgosos de un Estado soberano que después cayó en default. Como pasa con las empresas que caen en default, así como no debemos enojarnos con quienes trabajan en esa empresa que vendió títulos que no fueron respetados, no debemos enojarnos con los argentinos. Pero en la relación entre los dos países, obviamente, hay una crisis objetiva. Espero que se supere, y espero que ese 25 por ciento pueda subir, porque 25 por ciento es muy poco.
-Algunos, sin embargo, creen que por más dura que sea, esta oferta refleja el cambio que ha habido en la Argentina, donde hay un presidente que no quiere prometer un reembolso que no puede hacer, en un momento en el cual hay que atender cuestiones urgentes, como la pobreza de la mitad de la población...
-Perfecto. Pero creo que, como tenemos confianza en el futuro de la Argentina, podría probarse con otro tipo de sistema. Claro: la Argentina ha recurrido al mercado internacional y no ha logrado, obviamente, reembolsar un préstamo internacional. Podemos discutir sobre las relaciones con el FMI y el liberalismo excesivo, pero creo que resolver la cuestión de esta forma sería un error. Sería una inversión equivocada también para la Argentina, más allá de las dificultades.
-Cambiando de tema, ¿se puede hablar de medios independientes o es una ilusión?
-En Italia, el pluralismo está garantizado. Hubo casos que son preocupantes, porque muestran un progresivo conformismo y un continuo cierre de espacios, pero no podemos decir que no hay pluralismo. En Italia hay una ley pésima, que es la ley Gasparri [por el actual ministro de Comunicación, Maurizio Gasparri], que, de hecho, está matando, en parte, a la prensa escrita, porque los recursos fluyen todos a la televisión. Por otra parte, hubo una serie de casos preocupantes, principalmente a raíz del hecho de que RAI y Mediaset son, sustancialmente, una sola empresa.
-Usted se refiere al monopolio sobre los medios de Silvio Berlusconi...
-Berlusconi se queja diciendo que el mundo de la comunicación en Italia está bajo el control de la izquierda y que por este motivo no logra explicar los éxitos de su gobierno. Recientemente, además, se quejó de que sus propios periodistas - es decir, los de Mediaset-, para demostrar que son independientes, lo atacan de manera deliberada. A este punto, me pregunto por qué no vendió sus televisoras. Lo habrían tratado mejor...
-¿Por qué dejó la dirección del Corriere, en mayo del año último? ¿Hubo presiones? Hay quien dice que el diario no era suficientemente berlusconiano...
-¡Nooo...! La mía fue una decisión personal y el Corriere mantuvo su propia independencia. Es más: la reforzó con el nuevo director, Stefano Folli. Lo único que yo digo es que en un país normal no hubiéramos asistido a muchos episodios que no tienen que ver con mi persona, sino con Enzo Biagi [que tuvo que dejar "Il fatto", su tradicional columna diaria, en la RAI], Michele Santoro [que también tuvo que dejar su programa semanal, por ser considerado opositor] y muchos otros, que de algún modo son índices de una relación enferma entre el poder y la información. En otros países no sucede que el más grande empresario de los medios sea al mismo tiempo el jefe de gobierno.
-Si mañana volviera a ser director del Corriere, ¿qué haría distinto?
-Yo seguiría haciendo lo que siempre hice. Es decir: me basaría en la confianza en los colegas, en el hecho de que la realidad no se esconde y, sobre todo, en la libertad de confrontación, guardando respeto por las posiciones de los demás. Porque el verdadero pluralismo no es el hecho de dividir el tiempo televisivo, o el espacio de los diarios, en tantas pequeñas partes. El pluralismo verdadero es permitir la confrontación entre las partes, permitir que se puedan hacer todas las preguntas, también las incómodas, a quien gobierna y que haya una confrontación entre quien gobierna y la prensa, como sucede en todas las democracias desarrolladas.
-¿Sigue considerando a la prensa norteamericana un modelo por seguir?
-Sin duda, pese a lo anterior. Junto con la prensa británica, la norteamericana sigue siendo un punto de referencia. Pero cuando alguien se equivoca -como, por ejemplo, la BBC-, paga. El director que se equivoca, paga. Pero ésa es la prensa que ha descubierto Abu Ghraib y, al mismo tiempo, es la prensa que ha apoyado la campaña militar. En un sistema sano, la prensa no se pone de parte de un ejército o del otro. Está en el medio. Intenta representar de la mejor forma a la opinión pública, que delega al sistema de los medios, a través de su confianza, la tarea de ser guardián del poder, pero para mejorar el poder, no para impedirle gobernar.
-¿Qué impacto tiene publicar o transmitir las fotos o videos de las terribles decapitaciones a las que hemos asistido últimamente? ¿Significa un arma extra para los terroristas?
-Claro; como a menudo pasó con el terrorismo interno, como ocurrió en la Argentina, como en los años del terrorismo italiano de los años 70, las informaciones pueden convertirse, involuntariamente, en armas en manos de los terroristas. Ahora, en el gran debate sobre si hay que publicar todo, o no, yo creo que el patrón es que las verdades no se esconden. Claro: cuando hay imágenes horripilantes que no agregan nada, es justo no publicarlas, también por respeto a las personas. Pero creo que así como era correcto publicar las fotos de Margaret Bourke-White, que había entrado en el primer campo de concentración nazi, porque si no hubiéramos tenido aquellas fotos crudas hubiéramos dudado de que pasaran algunas cosas terribles, yo creo que los asuntos que tienen que ver con todo el mundo, aunque sean verdades incómodas, aunque sean imágenes difíciles de ver, tienen que ser accesibles. En la era de Internet ya no es posible esconder nada debajo de las alfombras de las redacciones, y es justo no esconder nada. Aunque hay que ponerse a pensar en la cuestión de si a veces no nos volvemos instrumentos inconscientes de los terroristas. Yo creo que la calidad de nuestra información es el mejor pasaporte occidental para presentarse ante la opinión pública árabe, que tiene dificultades para crecer.
-¿En qué sentido?
-Los países árabes copiaron el modelo CNN desde el punto de vista tecnológico, no desde el punto de vista del manejo democrático, de las reglas, de la cultura y del respeto de la verdad, de la confrontación. Y es esto lo que debemos exportar.
-¿Puede decirse que, quizás, en la prensa occidental se contribuye a la demonización del islam?
-Creo que Occidente ha perdido la capacidad de hacerse reconocer por los demás. Nosotros nos tenemos que preguntar cuál es el modelo que exportamos. La democracia no se exporta con las armas, sino con el diálogo, la cultura, la comprensión y el acercamiento. Pero no negándonos a nosotros mismos, sino mostrando a la opinión pública árabe que existe un Occidente que habla de libertades civiles, de igualdad entre el hombre y la mujer, de apertura, de convivencia. Y esto lo podemos demostrar con el hecho de que convivimos con las comunidades islámicas en Europa, en el 95 o 98% de los casos. Nuestro problema, desde el punto de vista occidental, es un enorme problema de comunicación. Hemos perdido la capacidad de comunicar nuestros auténticos valores a los otros. Los demás tienen que pensar que Occidente no son sólo armas, dinero e intereses, sino valores. ¿Por qué yo estaba en contra de la guerra en Irak? Porque no iba a servir para el objetivo de la batalla contra el terrorismo, que se libra también por otras vías.
-¿Usted cree que las tropas italianas deben retirarse de Irak?
-Ahora ya no se puede salir de ahí, porque la alternativa es entre los degolladores del terrorismo y la criticada presencia de las tropas norteamericanas. Retirarse sería contradecir a las personas que están pensando en crecer y que están abriéndose a la democracia después de haber perdido las "seguridades" de la dictadura. Porque las dictaduras tienen seguridades. En el caso iraquí, había un Estado de bienestar muy eficaz y rico. Nuestro error fue pensar que Bagdad, en 2003, se portaría como París en 1944, y no fue así. Nosotros no hemos entendido mucho de su cultura, porque pensábamos que los chiitas iban a ser nuestros aliados. En cambio, ellos dijeron que nos acompañaban para "una guerra de religión". Nosotros no queríamos ninguna guerra de religión, sino liberar a un pueblo, pero este pueblo no nos entiende. Y si no nos entiende es porque hay un problema de comunicación de nuestros valores.
-Entonces, ¿la solución es quedarse?
-Ahora estamos en un camino sin salida, así que no queda otra que quedarse, reforzar al gobierno local, hacer lo posible para que se luche contra el terrorismo y para que haya elecciones verdaderas, aun teniendo en cuenta que ya hubo casos en los cuales el islam más fundamentalista ha ganado con elecciones, como es el caso de Argelia.
-¿Cuál fue la decisión más difícil que tuvo que tomar como director del Corriere?
-La decisión más difícil fue decir que no a la guerra en Irak, intentando decirle al mismo tiempo que sí a Estados Unidos. Creo que podemos ser todos norteamericanos, como escribí en un editorial, manteniendo nuestra libertad de pensamiento y nuestra libertad de disentir.
-¿Las dos peores cosas del periodismo italiano y las dos mejores?
-Las peores: cierto conformismo y una excesiva cercanía al poder, tanto económico como político. Lo mejor es que es un periodismo hecho por grandes profesionales y, especialmente en los jóvenes, con pasión cívica notable.
-¿Kerry o Bush?
-En términos de política exterior, con Kerry o con Bush cambiaría poco. Pero ambos tienen programas económicos que nos deben hacer reflexionar, porque nos hallamos frente a la economía más grande del mundo, que jamás tuvo en su historia deudas interna y externa tan elevadas, con un déficit que antes o después se hará sentir. Yo espero que se pueda volver a un crecimiento sano de los Estados Unidos y nuestras economías -tanto las europeas como las de América latina- dependen de esto. Me asusta el costo de la guerra en Irak, que, aunque es alto, es siempre inferior al de las vidas humanas. Es un costo que pesará no sólo sobre la economía norteamericana, sino también sobre la economía mundial durante muchos años.
-¿Qué opina de los periodistas que bajan a la arena política, como hizo recientemente Lilli Gruber, la periodista estrella del noticiero de RAI 1?
-El periodista es un ciudadano. Pero yo estoy convencido de que no se pueden hacer dos trabajos en uno, porque existen grandes y pequeños conflictos de interés. Es decir: es apreciable que haya una pasión política, pero son elecciones difíciles de hacer, muchas veces sin vías de retorno.
-¿Qué hay sobre el rumor de que la oposición de centroizquierda le está ofreciendo a usted ser candidato a alcalde de Milán?
-No tiene ningún fundamento.
1- 2
Balance positivo: Arco cierra con alto protagonismo de las galerías y los artistas argentinos
- 3
“Vende humo”: Marcelo Birmajer critica a Yuval Noah Harari y a otros intelectuales israelíes por el “silencio” ante la guerra
- 4
Marta Minujín en Lollapalooza: “Me conecto mejor con los músicos que con los artistas”

