
Invitados, cómplices y conjurados
ENSAYO Y SUBJETIVIDAD Compilado por Marcelo Percia (Eudeba)-170 páginas-($ 12)
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ESTa compilación es el testimonio del producido en el seminario "Escritura en Psicología: ensayo y subjetividad", que se desarrolla en el Instituto de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la UBA desde 1996. Convocado por Marcelo Percia, el seminario organiza sus actividades a partir de una selección de ensayos, cuyos autores figuran en la publicación como "invitados". Son ellos Nicolás Casullo, Horacio González, Eduardo Grüner, Gregorio Kaminsky y Santiago Kovadloff. A estos textos se suman las contribuciones de quienes se hicieron "cómplices" para convocar el espacio del Seminario (Ester Cohen, Daniel Rubinsztejn y Marcelo Percia) y las de dos "conjurados" que forman parte del grupo: David Díaz y Fabio García. El eje temático en el que confluyen, "ensayo y subjetividad", abre más de una vía de reflexión.
¿Qué busca la escritura crítica cuando a través del ensayo se interroga a sí misma?, se pregunta Casullo, quien se refiere a una búsqueda singular, la de Robert Musil. Lo que buscaba el autor de El hombre sin atributos era "arrancar de su sitio" el pensamiento cristalizado, recobrar "aquello mutilado en la experiencia moderna por la palabra de conocimiento", "lo devenido indecible para la razón tecnocientífica". Kaminsky, por su parte, evoca a Lukács, para quien el ensayo "resiste toda forma de adecuación ajustada al orden lógico, científico, filosófico o literario", así como toda verdad instituida. La búsqueda del ensayo no es la de la exactitud, su mundo "no es el del error, sino el del errar". Quizás por ello el ensayo se le impone al analista cuando decide relatar su experiencia, sugiere Rubinsztejn. El psicoanálisis es "una ciencia rigurosa, que, sin embargo, no es exacta", y es el Inconsciente ("diverso, disperso, incluso divertido") el que obliga al ensayo, a la hora de escribir.
Kovadloff, que distingue el ensayo de la monografía, del tratado y de la novela, subraya las aspiraciones dialógicas del ensayo, que demanda la participación polémica del lector. La lectura es el tema enfocado por González, que parte de un curioso diálogo entre Lacan y Martínez Estrada. Lacan decía que no era posible leer Hamlet "sin revolcarse en el suelo" y Martínez Estrada proponía (frente a una lectura mecánica) una lectura "con miedo", que no abordara los textos como si se refirieran a un "allá lejos y hace tiempo", sino como textos "que actúan en los pliegues subyacentes del presente". Así entendida, la lectura es "un evento que pone a luz ciertos temblores de la subjetividad". Especialmente la lectura del ensayo, que "representa en el orden del texto con intenciones, al género público, por lo cual el estremecimiento se da frente a nuestra conciencia cívica o política, esto es, nuestra conciencia ideológica".
Ese es el tipo de lectura que pide implícitamente el sustancioso texto de Grüner, que toma como punto de partida la "fetichización de la memoria histórica como advertencia para el presente" (cifrada en la fórmula "recordar para no repetir") y se apoya en la relación entre Memoria y Repetición, tal como la concibieron Kierkegaard y Freud, para definir la repetición como "memoria anticipada".
Si consideramos, con Grüner, que cada memoria es "una encrucijada polifónica de memorias de otros", no cabe ya pensar en una memoria "individual". Ni la noción de "individuo" ni la "lógica de la identidad" son adecuados, por otra parte, para pensar un sujeto en devenir. En ese punto se centra Cohen, quien deja abierto un proyecto, el de "armar un marco conceptual en el cual se pueda explicitar el concepto actual de subjetividad", teniendo en cuenta los aportes de Deleuze, Foucault, Nietzsche, Lacan y Althusser.
El tema del ensayo se conecta así con múltiples aspectos de la subjetividad, con la intersubjetividad, con la escritura-lectura. También con la intertextualidad. Como bien señala García, no podemos imaginar un ensayo sin esas citas de otros en las que el autor ancla sus ideas: "El ensayista es un autor de autores, pensando a otros, con otros, a través de otros y a sí mismo, para, a su vez, transformarse él en la justificación de otro". Percia, en "Un traje hecho a la medida de otro", ilustra lo riesgoso de esa posición de escritura a partir de la experiencia de Masotta, autor de Sexo y traición en Roberto Arlt .
El texto de David Díaz, "El destino de S. Arganda", evoca a un personaje digno de la estirpe borgiana, capaz de inducir a partir de su plato preferido, las lentejas, la existencia de Dios. Entre los pliegues del humor y la ficción, como es sabido, suelen surgir destellos de verdad.
"Es en el instante en que el lector habrá dicho su lectura -escribe Rubinsztejn- cuando el texto adviene a una conclusión, conclusión que no reduce ni completa el texto, sino que invita a nuevos textos". Implícita en la escritura de estos "invitados, cómplices y conjurados", tal invitación parece conjurar, con entusiasmo intelectual, la indiferencia del pensamiento posmoderno mal entendido. El bien entendido empieza por casa: por el cuarto de escritura, por el rincón de lectura, por un espacio de discusión.



