Inundaciones
Una inundación no es el fin del mundo, pero nunca deja de ser una catástrofe. Y las imágenes que deja se parecen mucho a las de tanta ficción distópica que anda dando vueltas: el mundo, recuperado por la inmemorial potencia de lo agreste, y algún vestigio –¿triste, solitario y final?– de lo que supo ser la potencia humana. Así luce este poste de luz, entre las aguas desbordadas del río Duero, en la localidad española de San Esteban de Gormaz, Soria. No se trata, desde ya, del paisaje que aventuró J.G. Ballard en El mundo sumergido; nuestra realidad no cambió tanto y sabemos que las aguas, más tarde o más temprano, regresan al cauce. Pero la inquietud es cada vez mayor. Tanto como la sospecha de que hoy son nuestros los ojos de pesadilla con los que muchos, ya en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, comenzaron a mirar el futuro.
1“Paisaje de mujer”: la sensualidad del cuerpo femenino, en la paleta de Juan Lascano
2El vicepresidente estadounidense lanza un libro sobre la pérdida de fe y su conversión al catolicismo
3El mundo desde otra perspectiva: crece el legado de Nicolás García Uriburu, a diez años de su muerte
- 4
7 recomendados de arte y cultura para esta semana




