
Elocuencia de lo indecible
LAS LETRAS DEL ANALISIS Por Isidoro Vegh-(Paidós)-174 páginas-($ 23)
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El psicoanálisis de orientación lacaniana cuenta en la Argentina con voces protagónicas, entre ellas, la de Isidoro Vegh. Profesional de extenso recorrido clínico, Vegh se ha constituido, al unísono, en uno de los exégetas más reconocidos de la obra de Jacques Lacan. En diálogo con ella desde hace varias décadas, ha sabido iluminarla y difundirla a través de sus cursos y conferencias, así como mediante su trabajo escrito. Este, vale aclararlo, suele encontrar su configuración preparatoria en los seminarios anuales que dicta en la Escuela Freudiana de Buenos Aires, de la que es miembro fundador.
Tal como lo anticipa el subtítulo de Las letras del análisis. ¿Qué lee un psicoanalista? , en este nuevo libro el autor se ocupa de lo que un psicoanalista lee. Y lo que un psicoanalista lee es la letra que produce el inconsciente. Para precisar lo que entiende por tal producción, Vegh explora, a lo largo de ocho fecundos capítulos, el pensamiento de su gran inspirador, Lacan. Le importan en tal sentido las formas y los procedimientos a través de los cuales el maestro francés va caracterizando y volviendo a caracterizar el mencionado concepto de letra.
Para Lacan, el inconsciente se estructura como un lenguaje y se da a leer en el despliegue del discurso del analizante. Cabe llamar letras, en consecuencia, a lo que el psicoanalista resalta o subraya en lo que el analizante dice e ignora que dice mediante los términos que emplea. No es letra, pues, todo lo que el analizante hace oír sino, específicamente, aquello que, de cuanto hace oír, lo implica centralmente como sujeto. Añádase a esto que la letra, al emerger, manifiesta o perfila tanto al analizante como al analista, pues no se configura como letra sino al ser leída en el marco del quehacer transferencial convencionalmente llamado sesión. En otros términos: la letra es lo que en el significante expuesto subraya el analista, más allá del significado convencional que aquél pueda revestir. Lo que importa en el procedimiento clínico, entonces, son las letras de la estructura, letras que dicen del sujeto del inconsciente.
La idea central que Vegh enfatiza es que la letra que está en juego en la clínica dibuja, en el saber presunto que supone todo lo dicho, la sombra de su insuficiencia, la ignorancia o lo ignorado que siempre connota todo saber.
Pero más allá del rastreo que Vegh efectúa en la obra de Lacan en pos de la clarificación del concepto de letra, debe destacarse su intención de polemizar con aquellos colegas que restringen al procedimiento de la homofonía la producción de la letra. Dado que, para Vegh, "leer a la letra" es -siempre siguiendo a Lacan- hacer resaltar, en lo manifiesto de lo dicho, lo tácito y no sabido, corresponde tener en cuenta que lo que puede discernirse mediante la homofonía también puede alcanzarse a través del trabajo efectuado sobre otros indicios del inconsciente: el chiste, el fallido, las repeticiones del discurso y los distintos tropos y figuras de la palabra. Todo ello es o puede ser manifestación de lo equívoco y, como tal, un camino de acceso a lo encubierto.
Vegh señala, además, que el proceso de construcción lógica del concepto de letra no se cumple de una vez por todas en un único sitio de la obra de Lacan. Sus componentes y sus configuraciones se encuentran dispersos en la producción íntegra del autor del célebre Seminario de la angustia . Por eso Vegh busca la complementación donde otros proponen la exclusión. No comparte el parecer de quienes consideran que los escritos últimos de Lacan descalifican a los que son cronológicamente anteriores. Por el contrario, alcanza su caracterización del concepto de letra mediante la integración de elementos que provienen de distintas etapas o momentos creadores del maestro. Como bien ha visto la psicoanalista Patricia Leyack, "Vegh va armando su idea de letra plegando, haciendo jugar unas con otras las distintas precisiones que sobre la letra va haciendo Lacan en su obra, [...] poniendo en acto, en su libro, el trabajo del texto, en este caso del texto lacaniano".
Si la finalidad de la lectura a la letra es hacer patente las maneras en que lo ilegible se traduce en lo legible, este libro sin duda logra su cometido. La letra, enseña Vegh, bordea lo no enunciable, le hace lugar a la elocuencia de lo indecible. Ella acusa la presencia de cuanto, irremediablemente, no ingresa a la palabra como objeto enunciable. Por eso, la lectura a la letra guarda íntimo parentesco con la poesía. La letra logra que se haga oír lo inconsciente, aquello que insiste en evidenciarse sin dejarse apresar.



