El expresionismo de Lasar Segall
El drama judío de un emigrado ruso que optó por el Brasil. Gustavo Charif,un surrealista, algo excesivo
1 minuto de lectura'
Una notable exposición de Lasar Segall (Vilna, Rusia, 1891- San Pablo, Brasil, 1957), lituano de origen y brasileño por opción, se exhibe en Buenos Aires. Llega de México, donde se mostró desde el 6 de marzo hasta el 2 de junio pasados. La integran algo más de 140 piezas que provienen de su propio museo (se fundó en San Pablo por iniciativa de su familia y se abrió una década después de su muerte); también de la pinacoteca de ese Estado, del Instituto de Estudios brasileños y del Museo de Arte Contemporáneo (ambos de la universidad paulista), entre otras colecciones. Hay 62 óleos sobre tela, 13 pinturas sobre papel (entre las que prevalecen las acuarelas y las aguadas o gouaches ), 26 dibujos y 40 grabados. Sólo no está representada la escultura, especialidad que comenzó a trabajar en París poco antes de finalizar los años veinte.
Según su curadora, la crítica brasileña Vera d«Horta, estudiosa de su obra, a la que dedicó importantes trabajos, la muestra gira en torno de una decena de grupos temáticos que permiten conocer su repertorio y el cambio de tratamiento que se produce si se compara su producción europea con la brasileña. El propósito es mostrar los cruces culturales que intervinieron en la producción de Segall: origen lituano, ascendencia judía, formación alemana influida por el expresionismo y radicación en un país iberoamericano. Los grupos se complementan así: retratos y autorretratos; figuras en escenarios urbanos; figuras en interiores; naturalezas muertas e interiores, maternidades y familias, temas judaicos y genocidio; emigración; prostitución y escenas forestales.
Complementa la exposición un formidable catálogo ilustrado con textos de diferentes autores que enriquecen desde diferentes puntos de vista el conocimiento de la vida y la obra de Segall, quien llegó a ser considerado en su momento, junto con Portinari y Di Cavalcanti, uno de los grandes pintores brasileños. No faltan tampoco quienes vinculan su obra con la de Chagall, con la que sin duda tuvo fuertes puntos de contacto. Ahí se analiza que en el período europeo predominan los temas ligados al humanismo trágico, el judaísmo y el ambiente artístico alemán, por el que sintió atracción desde muy joven. Desde 1906 hasta 1909 asistió a los cursos de la Academia de Bellas Artes de Berlín, entonces algo convencional en sus enseñanzas. Al año siguiente pasó a la de Dresde, donde comenzó a manifestarse con mayor libertad. Allí realizó su primera muestra individual. De 1911 a 1913 estuvo en Holanda y después hizo su primer viaje a Brasil, donde expuso en San Pablo. Cuando regresó a Dresde estalló la Primera Guerra Mundial y por ser ciudadano ruso fue tomado prisionero civil en Meissen; pero en 1916 se lo autorizó a residir nuevamente en esa ciudad donde intervino en las exposiciones expresionistas hasta 1923. Apareció entonces su producción paulista, en la que se distinguen tres momentos principales: la "fase brasileña" de los años veinte, que destaca paisajes y tipos locales; el período de los años 30 y 40, cuando manifiesta su preocupación por lo social, y la etapa de los 50, en la que retoma temas anteriores y trabaja en series como "Erradias" (mujeres errantes), "Favelas" (villas miserias) y "Florestas" (bosques).
Lo que más impresiona al recorrer la exposición, más allá de las diferencias estilísticas que marcan los diversos momentos, es su alto tenor comunicativo. Proviene sin duda de la convicción íntima que animó cada paso con independencia de cuestiones técnicas cuyo análisis requiere un estudio específico de otro orden. En ese sentido, todo lo presentado transmite tanto su origen eslavo como su adhesión sentimental a los tipos, paisajes y costumbres de la tierra americana en la que orientó su vida hasta el final.
(En el Malba, Avenida Figueroa Alcorta 3415.)
Surrealismo y literatura
Aunque Gustavo Charif nació en Buenos Aires 1966 y comenzó a exponer sus dibujos, pinturas y colages en 1982, su acción es poco conocida por los argentinos. Tal vez por eso, sorprende la extensa exposición que recoge los procedimientos mixtos que realizó entre 1998 y 2002. Más allá de los rasgos personales que identifican su autoría, de tenor surrealista, la amplia selección que integra Alquimia profana , el título de la muestra, destaca su dedicación a la pintura. Aunque sólo median poco menos de cuatro años entre los primeros y lo últimos trabajos, los resultados indican que no se trata de una aventura circunstancial sino de la práctica vocacional tupida que se impone como una necesidad. El hecho no llamaría la atención si no fuese por las múltiples inclinaciones de hacedor que manifestó desde niño. Nos enteramos por el currículo que, además de pintar, escribe y es realizador de películas.
Breton sostuvo que el sueño podía ser una forma de concebir la realidad. De ahí, su carácter revelador. La libertad con la que se ejercita elude las trabas de la conciencia. Charif abunda en esas búsquedas que los títulos manifiestan con tanta arbitrariedad como las ideas que representan. Lo hace de una manera barroca y abigarrada por momentos, a fuerza de exprimir su sensibilidad con los recortes de una fuerza racionalmente inexplicable. Logra por ese medio transmitir una sustancia emotiva que vale la pena conocer, aunque los peldaños de su apoyo estén poco fiscalizados por la razón.
Que Fernando Arrabal y Milan Kundera publiquen próximamente un libro de edición limitada ilustrado por Charif atrae la atención sobre su obra. Aunque no pasa inadvertido que el prestigio de ambos proviene esencialmente de la literatura, su sensibilidad de artistas avala la elección. Complementa la exposición Charif: Exaltación del ensueño, un texto del crítico Guillermo Whitelow, quien, no por casualidad, viene también del campo de las letras. Lo mismo puede afirmarse del surrealismo, voz que usó Apollinaire por primera vez en 1917, y que, como se sabe, nació en la literatura (especialmente en la poesía) con el ostentoso final del dadaísmo.
(En Daniel Maman Fine Art, Libertador 2475. Hasta el 10 de agosto.)



