
El espejo del escritor
El programa sobre literatura El fantasma, que se emite por Canal (á), reformula el encuentro entre el autor y su público
1 minuto de lectura'
No hay como la tele. No me refiero a los estudios de televisión de luces lacerantes y polvo de carmín. Me refiero a la tele que se piensa como texto en imágenes, un espacio de encuentro, intriga y facilitación. Si se graba con fantasmas, eso parece posible. Porque los fantasmas son benévolos, no andan con pruritos ni creen saberlo todo de antemano. ¿Fantasmas? Sí, pero aquellos que tienen una propiedad -esporádica, mágica- de corporizarse. Fantasmas de escritores, o sea, sus lectores anónimos que andan dispersos en las ciudades rumiando verdades ajenas, inmersos en ficciones que los desvelan.
La nueva temporada del programa El Fantasma , en Canal (á), esta vez viene con subtítulo: Una cita imprevista . No es una cita a ciegas. El encuentro entre ese lector oculto y su escritor favorito. En todo caso, es una cita a ciegas a medias. El escritor desconoce por completo a su lector, a pesar de que sabe que su obra recayó en él. Mientras que el lector supone una filiación tácita con aquel que inventó personajes con los que en algún momento se identificó. Una voz en off anuncia el dilema: "Escritor y lector habitan un mismo mundo y están destinados a no encontrarse nunca ¿qué pasaría si lo hiciesen?" Imposible saberlo, por eso hacemos este programa con Marcelo Iaccarino, para propiciar lo imposible.
Casa con libros
Grabamos en la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes, con permiso y compromiso de su director, Fabián Valle. Ex mansión de Victoria Ocampo, sita como corresponde a la patrona de nuestra cultura, en el corazón de Palermo Chic -o, es un espacio propicio para convocar fantasmas de escritores.
Bárbara Scotto tiene todo preparado para que la función comience, sin ensayo previo. Productora de excepción, consigue lo necesario para evitar percances sin ahuyentar las sorpresas. La jornada de grabación comienza a las 8 de la mañana, cuando llega el móvil de Non Stop. Los cables entran como tentáculos por las ventanas de la biblioteca del segundo piso. Los técnicos calibran las cámaras que apuntan al lugar de la escena. Las luces del set atenúan el fulgor del sol que se filtra por la ventana. Y entonces se produce otro encuentro inesperado: los libros y los árboles. Las hojas de otoño de los jacarandás, de los palos borrachos y un ceibo parecen voltearse hacia la casa, en busca de otras hojas, las escritas. La savia comulga con la tinta. Y en esa escena, que se volverá imagen (no hay como la tele), ingresan autor y lector. Ambos temen y anhelan. Algunos se hicieron escritores para permanecer lejos del destinatario de sus deseos. Escribir para ser leído es una forma de entablar una relación en ausencia, un amor diferido. Recibimos al autor y al lector en salas separadas. No queremos que se conozcan antes de que las cámaras registren esa extrañeza. Una felicidad incómoda. El lector aguarda en una de las habitaciones que perteneció a Victoria. El escritor se instala en la sala con terraza. No se ven pero se saben cerca. Si estuvieran juntos antes de empezar a grabar, el asombro se disolvería en los prolegómenos. En cambio, la espera con café mientras les colocan los micrófonos corbateros los va poniendo ansiosos. Hasta ese día, ninguno de los dos pensaba que iba a conocer al otro.
Como no se trata de un programa periodístico ni de un intercambio académico, el cruce es más emocional. La idea de conocer a quien creó un mundo de ficción por el que uno anduvo durante bastante tiempo alberga ciertas esperanzas de empatía. A la vez permite, quizá por única vez, reclamar por el destino de ciertos personajes o el tenor de ciertas escenas. ¿Qué pasaría en un mano a mano con Dios en que preguntarle por qué los días, las guerras, el amor y la muerte?
El fantasma de Liliana Bodoc (Federico, 16 años) la interpela: "Me llamó la atención que ninguno de tus personajes femeninos se corrompe, mientras que los masculinos, sí". La autora de La saga de los confines , absorta, se desparrama: "¿Estás seguro? A ver (y empieza a enumerar sus personajes femeninos: Vara, Wilkilén, la Sombra, vieja Kush, Acila) ¡Es verdad, no me había dado cuenta, me habrá tirado el género!". El lector de Alan Pauls le lanza: "Tu personaje, Sofía ¡es una hija de puta!". Pauls contesta: "¿Te parece?". Marcelo Cohen se adelanta y pregunta: "¿Para qué leés?". Su fantasma, Adrián Dárgelos, el cantante de Babasónicos, le responde, distendido: "Para perder el tiempo". Cohen desespera: su empeño por retrasar el futuro con realidades alternas no concibe semejante dilapidación.
La idea del programa surgió hace años. Lo grabábamos en la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional. Muchos escritores y editores actuales fueron fantasmas de entonces: Washington Cucurto, Mariano Valerio, Martín Kohan, Marina Mariash. Ahora la búsqueda es distinta, por eso el programa se renueva. Los espacios de lectura se han multiplicado. Es una época propicia para cazar. Hay blogs de escritores, foros digitales de lectura. Los lectores se encuentran en la Web para alabar o despotricar a tal o cual autor.
Carolina Menéndez Trucco y Maximiliano Poggio son los cazafantasmas. Llenaron la ciudad de volantes "Se busca fantasma". Crearon un blog para conseguirlos. Se encuentran en un bar, se conocen, les preguntan. Los cazados hablan de literatura como si se tratara de una fruta deliciosa y no vieran la hora de echarle un mordisco. Aman a los autores, son sus padres espirituales, buscan sus libros como gemas de la vida que se les escapa cada vez que llegan al final de una novela. Son fantasmas que rehúyen la vida pública; quieren tan sólo un lugar para leer en paz. Muchos leen para compartir.
Es el caso de Matías, el lector de Pauls, y se vino preparado para demostrarlo: trajo un ejemplar de El pasado subrayado con distintos colores y varias interjecciones escritas en los márgenes de las páginas. "Se lo pasé a varios amigos y ex novias pidiéndoles que usen colores diferentes y pongan sus ideas sobre lo que iban leyendo." Pauls casi se emociona: "¡Qué genial, mi novela se convirtió en un libro de quejas!"
Después de la grabación, Tununa Mercado se pierde en los jardines de la Casa. Cuando la encontramos, esboza una risita de pequeño triunfo. Aprovechó el descanso de las empanadas -almuerzo para el equipo técnico que siempre disfrutan los escritores, sobre todo Ariel Dorfman y Nélida Piñón-, para cortar un pequeño brote de una tuna que guardó en una cajita china. El encuentro con un lector desconocido bien vale el riesgo de pincharse con un cactus. Es una planta que vive trescientos años, casi como los mejores clásicos de la literatura. Y sí. No hay como un buen libro.
- El Fantasma. Por Canal (á), lunes a la 1, a las 6, 12, 17 y 22; jueves a las 2.30, 7.30, 13.30, 18.30 y 23.30; sábados a la 1, a las 12.30 y 20 y domingos a las 19.30



