
El doble turno no asegura mejor aprendizaje
Si bien la tasa de graduados del régimen extendido es más alta, también lo es el índice de repitencia, según una investigación
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Más no siempre es mejor. Sobre todo si de permanecer en el aula se trata. Una investigación que presentará mañana el ex ministro de Educación Juan José Llach encendió el debate sobre la jornada completa: demuestra que si bien la tasa de graduados en el nivel medio fue 21% más alta que los que hicieron jornada simple, no hay diferencias significativas en cuanto al aprendizaje de una segunda lengua, el posterior éxito laboral o mejores ingresos.
El trabajo, además, arroja otras conclusiones no menos sorprendentes. En las escuelas de jornada completa, el nivel de repitencia es más alto que en las de jornada simple, por ejemplo.
El debate, además, ahora parece encaminarse no sólo por el camino educativo, sino que también se abre la brecha del debate social y de la función de la escuela como contenedora de chicos y adolescentes, hijos de padres que también trabajan jornada completa.
"Aunque el porcentaje de los que terminan la secundaria es bueno, el estudio sirve para futuras decisiones en cuanto a la política de lograr una escolarización más extensa -señaló Llach a LA NACION-. Los resultados ayudan a concentrar la mirada, a no creer en la magia de que con dos horas más de clase se resuelve el problema educativo."
No tener un mejor dominio de la lengua extranjera no es el único número del estudio que deja a la vista una pobre calidad educativa: las cifras también revelan que la repitencia es más alta en los chicos que cursaron la doble escolaridad que en los que sólo asistieron un turno.
"Si en dos de los tres grupos sociales estudiados [el bajo y el alto] los chicos tuvieron mayor repitencia es un indicador de que había problemas de calidad -destacó Llach-. Pero, al mismo tiempo, lograron graduarse más chicos. Son las dos caras de la moneda... Por eso, es necesario enfatizar la calidad y la cantidad."
La extensión de la doble escolaridad es una de las metas previstas por el Gobierno. La nueva ley nacional de educación prevé que debe aplicarse en el 30% de las escuelas. Pero actualmente sólo la ciudad de Buenos Aires cumple con esa exigencia: en el resto del país, las escuelas de doble turno apenas arañan el cinco por ciento del total.
La investigación que Llach presentará el lunes en la Academia Nacional de Educación se realizó durante dos años y tiene una "materia prima" única: el estudio de 380 personas que se graduaron en 1977, fecha en que comenzó a funcionar la jornada completa en nuestro país. La investigación se hizo con el apoyo de la Fundación Ethos y será presentada por el académico Horacio Sanguinetti y comentada por el Ministro de Educación porteño, Mariano Narodowski.
A favor
Llach confiesa tener una posición favorable con respecto a la jornada completa. Sin embargo, reconoce: "Hay efectos posteriores en cuanto a los años de escolaridad, pero no se ven resultados en aspectos más cualitativos. Es importante considerar que la tasa de graduados es mayor entre los alumnos de menores recursos, lo que indica que el efecto de la escolarización más extensa se ve mejor en los chicos más vulnerables", explicó.
"En estos casos es fundamental una jornada extendida de calidad, que les permita acceder a una segunda lengua, a una clase de arte o de tecnología que sólo acceden los sectores altos o medios", afirmó Llach.
De todos modos, resulta esencial poder descubrir en qué aspectos quieren desarrollar su personalidad los chicos.
Llach se preguntó qué harían esos chicos si no estuvieran en la escuela. "Desde el punto de vista de que pueden estar expuestos a diversos riesgos, parece mejor que tuvieran jornada escolar extendida. Sin embargo, hay que concentrar la mirada en la calidad y en los contenidos", dijo Llach.
El estudio, según reconoció su autor, no pudo comprobar los beneficios de la jornada completa sobre el empleo o sobre los ingresos. "Probablemente sea por una baja calidad educativa, pero no podemos responsabilizar sólo a la jornada completa porque hay que ver a qué escuela secundaria fueron esos chicos.
Llach recordó que esta modalidad tiene sus orígenes en los años cuarenta del siglo pasado y surgió con una clara orientación social: atender no sólo las necesidades de los chicos, sino también las que emergían por la incorporación de la mujer en el mercado laboral.
"No me da la impresión de que esté concebido como para que el chico despliegue todo su potencial, sino que esté contenido más horas", lamentó el especialista.





