Danza de espíritus
Los vikingos veían el resplandor de las armaduras de las valkirias; los inuits, las almas de los antepasados en su viaje al más allá. “Danza de los espíritus”, estelas luminosas de los que ya no están, territorio del misterio: las auroras boreales nutrieron hermosos relatos antiguos, en un punto tan sugerentes como la explicación –poética quizás a su pesar– que les encuentra la ciencia. Una aurora boreal es testimonio, nos dicen los expertos, de la intensa actividad del sol. Donde el místico intuye agitación espiritual, el astrofísico describe partículas de energía que, lanzadas por el sol, chocan con los gases que componen nuestra atmósfera; el impacto libera energía en forma de luz. Últimamente el sol anda muy activo; por eso los habitantes de Harbin, al noreste de China, recibieron un enero color rojo fuego, en medio de las gélidas temperaturas de su invierno.
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