Cuestión de tiempo
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Como en un loop, el país debate, otra vez, si una apertura importadora trae modernización con baja de precios o si el resultado es cierre de empresas y destrucción de empleo. En el mismo combo se discute si el país debe o no tener política industrial. Ya sucedió a fines de los 70, con Martínez de Hoz. ¿Alguien se acuerda de la propaganda oficial de la silla “nacional” que se quebraba al sentarse y las “importadas” que resistían? La convertibilidad, en los 90, reavivó la discusión. En su segunda gestión, Domingo Cavallo ofreció planes de competitividad (con beneficios impositivos, entre otros). Por muchas otras razones, el plan estalló por el aire.
“La mejor política industrial es la estabilidad”, les dijo el ministro Luis Caputo a periodistas. “La industria necesita reducir la carga impositiva y la informalidad laboral, ampliar las bases de recaudación con equilibrio fiscal y distribuir el peso del Estado”, enumeró Paolo Rocca, CEO del grupo Techint, días atrás. Osvaldo Giordano, presidente del Ieral, acaba de publicar un artículo donde plantea que no son objetivos contradictorios. “¿Desacelerar la integración al mundo o acelerar las reformas?”, se pregunta, desde el título. Parece ser, en todo caso, una cuestión de tiempos.
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