
Configuraciones e ideaciones
El conceptualismo del colombiano Bernardo Salcedo; Héctor Borla, un virtuoso de las distorsiones que reviven otros tiempos, y Ernesto Bertani
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El colombiano de Bogotá Bernardo Salcedo (1939) es esencialmente un conceptualista, aunque la construcción de su obra tenga a menudo una manufactura muy trabajosa. Así lo indican especialmente los ensamblados y las intervenciones fotográficas, algunas de las cuales tienen el carácter de acabadas construcciones tridimensionales. Las instalaciones, la articulación o la acumulación de objetos y el uso de la palabra (a partir de los años iniciales de los setenta) le sirven para transmitir el pensamiento y acicatear la imaginación. Su fondo crítico estimula la reflexión y la concienciación.
Según la cronología editada en el catálogo de su exposición en nuestro Museo de Bellas Artes, después de iniciar la carrera de arquitectura en la Universidad nacional de su país (donde fue monitor de la cátedra de Diseño de Fernando Martínez Sanabria), los primeros reconocimientos de su arte se deben a la argentina Marta Traba. Sus explicaciones de 1964 aclaraban el sentido de sus ensamblados y collages ya un año antes de que se recibiese de arquitecto, cuando empezaba a participar en presentaciones colectivas.
El universo en caja , como denomina la muestra, destaca el valor de las ideas. Su contenido escapa de lo anecdótico en la medida en que recurre a las cosas en cuestión. Ejercita prácticamente lo que siente por medio de objetos encontrados que condensan el meollo de lo que desea señalar. Pero lo hace sin renunciar a la materialización del pensamiento mediante obras que delatan a primera vista su sensibilidad de artista. Compone limpiamente, con la perfección de un maquetista experimentado aun cuando presenta objetos tomados tal como son de la naturaleza, como en Paseo del río o Caja agraria . En cierto sentido, algunas de sus cajas lo vinculan con el land art, una corriente contemporánea que por la alteración industrial de los paisajes o de los espacios naturales fomentó el arte de ideas. La variación está en la escala.
Hay dramatismo e ironía en muchas de sus observaciones, pero plasmados de un modo que le confiere al señalamiento la fría evidencia de la realidad, en ciertos casos por la descontextualización de su contenido, como sucede con las bolsas transparentes de heno que se apilan en un sector de la exposición; en otros, por el enmarcado que concentra por transparencia los objetos en cuestión dentro de cajas que los contienen y que los presentan con farmacéutica asepsia.
(En la sala mayor del Museo Nacional de Bellas Artes, Libertador 1473. Sin fecha de cierre.)
Pintura inteligente
En tiempos en los que la gracia artesanal de la pintura se está perdiendo, la exposición póstuma del santafecino Héctor Borla (1937-2002) destaca su acción de rescate en ese campo. El cuidado minucioso de la factura y su peculiar manera de ejercitarla se advierten aun en los detalles de la imagen cualquiera sea su tema. El virtuosismo que lo caracterizó se manifiesta tanto en la representación de la figura como en la interpretación de frutas, cristales, manteles, vestidos o cortinados. Esa circunstancia, sumada al deseo de mantener el buen gusto en los enfoques bastarían para identificar su obra si no fuese porque, detrás de ella, se advierte el deseo de decir algo que sólo puede revelar el procedimiento hiperbólico de representar las formas amplificadas o disminuidas como si estuviesen vistas a través del cristal cóncavo o convexo de un instrumento óptico. Como se sabe, el anverso o el reverso de ciertos vidrios exageran en uno o en otro sentido las cualidades observadas.
Otra de las características que ofrecen sus obras suele relacionarlas entre sí por la dirección temática. Abundan los trabajos en serie que provienen de un mismo núcleo inspirador. A menudo se refieren a temas alejados por el tiempo y el espacio. Tal el caso, por ejemplo, de los derivados de Ingres, entre los que se destacan los inspirados por la gran bañista o por Enrique VIII, cuyas esposas salen suntuosamente ataviadas de sobres de correspondencia. Estas piezas pertenecen a series, como se denomina a los sellos o valores postales de una misma emisión. Esa circunstancia no pasó inadvertida para Borla quien, irónicamente, vincula a varios de sus personajes con cartas y estampillas minuciosamente representadas. Desde luego, al destinatario le llegan muchos años después del momento en el que vivieron los seres que se ven allí. De esa manera, algo zumbona, tiende a modificar lo inmodificable, el pasado. Recupera y revive el pretérito con "interpretaciones" que lo intervienen y alteran, en cierto sentido, como lo haría un caricaturista, profundizando lo esencial.
(En el Museo Nacional de Bellas Artes, Libertador 1473. Sin fecha de cierre.)
Oficio e imaginación
Entre los pintores que practican trompe l´oeil se destaca Ernesto Bertani (1949). Adquirió en esa técnica tan buen desarrollo que produce la ilusión de realidad aunque las características del tema sean inverosímiles. De todos modos, sólo imita puntualmente lo que le interesa; no todo. Su imaginativo manejo del color, las formas y las texturas le permiten representar de modo convincente los dictados de un pensamiento que se aparta de la lógica. No hay hombres o mujeres de tela, salvo en las ocurrencias del surrealismo.
El amor en tiempos de cólera se titula la exposición, que ocupa simultáneamente dos galerías. Parodia así el título homónimo de García Márquez; en momentos como los que atraviesa el país, no es difícil inferir que la ironía alude a circunstancias locales.
Conviene destacar la consistencia del oficio de Bertani que, si bien no proviene de ninguna "escuela" en particular, se manifiesta con registros que lo identifican como un virtuoso. En cuanto a los temas, están coherentemente hilvanados. Persiste en la pintura de corbatas, como se ve, por ejemplo, en Fantasías , donde interpreta una travesura, o en El triunfador , donde de un cuerpo masculino trajeado asoman varias corbatas cuyos colores se repiten en los cuerpos de las mujeres que lo acompañan. El hecho exalta el tenor simbólico de ese adorno masculino. Las personas no se ven, pero las ropas indican claramente sus actitudes, como si perteneciesen a figuras invisibles. Hasta acá, un motivo que no es nuevo puesto que Bertani se especializa en la representación de telas. La diferencia con las anteriores estriba en que aquéllas solían estar trabajadas sobre casimires u otras telas para acentuar el poder de la representación; las actuales, en cambio, están enteramente pintadas.
En lo temático, la variante más notable es la incorporación de un elemento nuevo, el fuego. En varios acrílicos aparece en las zonas de contacto entre los cuerpos, representados por paños que tienen sus formas, como si la cercanía de un hombre y una mujer bastasen para encenderlos. En Consumidos su combustión perforó la tela.
Como se ve, un picaresco sentido del humor campea en toda la obra. Respecto de anteriores exposiciones, la actual tiene una paleta más colorida; pero mantiene la pulcritud en el hacer. El dibujo refinado y el acabado mate acentúan el poder comunicativo de su pintura, impecablemente realizada.
(En Zurbarán, Cerrito 1522, y en Alvear de Zurbarán, Av. Alvear 1658. Hasta el 13.)
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