Catalejo: timbre oficial
La crisis que desató el Gobierno por cerrar durante más de una semana el acceso del periodismo a la Casa Rosada, aduciendo que algún colega había transitado lugares vedados que, curiosamente pueden recorrerse por Google Street View, llevó a esta cronista a recordar actitudes insólitas allá por los ’90, cuando el menemismo se quejaba, pero no rompía puentes con la prensa. Un funcionario que tenía escaso presupuesto y lo manejaba con austeridad y astucia sustituyó la ausencia de una secretaria por un sistema eficiente: instaló un portero eléctrico en la puerta de su área de trabajo. Dirigente del peronismo con la eterna ilusión de ser intendente de San Isidro, el tanatólogo Alfredo Péculo fue asesor presidencial varios años. Y respondía él mismo al timbre. No había intermediarios. A veces, Péculo aceptaba el ingreso en su despacho del periodista que quería hacerle consultas sobre diversos temas. Otras veces, siempre amable, se disculpaba y evitaba hacer declaraciones. También él mismo abría la puerta, invitaba a pasar a la oficina, escuchaba y respondía con atención y acompañaba a la salida al periodista. Presupuesto escaso y alta eficiencia; no había ningún rincón “prohibido”.
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