
Borges y sus maneras de entender la trascendencia: entre misticismo y duda
En el Atrio de los Gentiles, se discutió la dimensión religiosa en la obra del escritor
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El trabajo intelectual alrededor de Jorge Luis Borges y su literatura (ese cuerpo de poemas, cuentos, ensayos, entrevistas y aun anécdotas) se revela cada vez más como una misión interminable. La teoría literaria fue la primera avanzada, pero otras áreas siguen abiertas. Pensar a Borges desde una perspectiva religiosa se presenta también como una posibilidad completamente lógica. En ese sentido, la pertinencia de centrarse en Borges para inaugurar las actividades en la Facultad de Derecho del Atrio de los Gentiles, parte del Foro Ecuménico Social, está fuera de discusión. Así quedó también claro en el mensaje del papa Francisco que leyó el cardenal arzobispo de Buenos Aires Mario Poli. Francisco señalaba allí que Borges constituye una "base propicia para el diálogo cultural y el intercambio de ideas... para entender al hombre y su apertura a la trascendencia".
Esa palabra, "trascendencia", fue la más repetida a lo largo de las mesas de discusión que empezaron el miércoles y seguramente será también la más escuchada hoy en la ciudad de Córdoba, donde continúan las jornadas. El cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Pontificio Consejo de Cultura del Vaticano; María Kodama; el rabino Daniel Goldman, y Santiago Kovadloff hablaron largamente sobre la cuestión, aunque en realidad el tema había sobrevolado ya la mesa anterior, en la que participaron, entre otros, Lucrecia Romera y Ruth Fine (ver aparte). Hubo también citas recurrentes, dos en particular. Ante todo, los poemas -uno recogido en El otro, el mismo, y el segundo en Elogio de la sombra- que Borges tituló "Juan, I, 14", y que dialoga con ese versículo del Evangelio que lo obsesionó hasta la perplejidad: "Y la Palabra se hizo carne". El otro poema es el tardío "Cristo en la cruz", incluido en Los conjurados, con ese verso decisivo, casi confesional: "No lo veo/ y seguiré buscándolo hasta el día/ último de mis pasos por la tierra".
Aunque aclaró que no quería proponer una exégesis crítica de Borges, cuya obra definió como un "arcoiris", Ravasi es un lector muy fino, capaz de moverse con libertad de Leonardo Sciascia a Pierre Reverdy y resolver con suma agudeza un episodio biográfico. Cuando recordó que la abuela inglesa de Borges sabía de memoria buena parte de la Biblia y se la hizo conocer a su nieto, Ravasi observó: "Se puede decir que Borges entró a la literatura por la vía del Espíritu Santo". Allí, en la relación entre literatura y religión, está la piedra de toque del problema de Borges y la trascendencia. Es imposible no pensar en una de las conferencias que Borges dictó en Harvard entre 1967 y 1968 y que se publicaron como Arte poética. La de Troya, la de Ulises y la de Jesús -se lee- son las tres historias centrales de Occidente: "Pero, en el caso de los Evangelios, hay una diferencia: creo que la historia de Cristo no puede ser contada mejor". Esta idea autorizó a Ravasi a trazar una línea estricta entre el "Cristo trágico" y el "Cristo teológico". A Borges, que desconfiaba de cualquier demostración de la fe, le interesa el primero.
Las fronteras móviles que Ravasi detecta en el pensamiento borgeano (siempre en equilibro imposible y realizado entre la vigilia y el sueño, la literatura fantástica y la teología, lo concreto y lo abstracto) encontraron un eco en el rabino Goldman, que confió que sus primeras conversaciones con Jorge Bergoglio tuvieron como tema el soneto "Everness" de Borges. Después, en una evocación de "Funes el memorioso", hizo notar que pensar es olvidar diferencias, abstraer, y que la abstracción nos permite trascender el tiempo. Según él, Borges se atrevió a "ser contradictorio en la mediocridad de los que exigen coherencia". A su modo, tanto Kovadloff como Kodama confirmaron la presunción desde posiciones diferentes. Según el primero, "Dios le interesó a Borges más como problema que como solución"; Kodama, en cambio, habló de una "mística de la creación", en la que Borges quedaba "detenido en la iluminación".
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