Argentinos más creyentes, pero menos practicantes
Según un estudio de Gallup, el 93% pertenece a alguna religión
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En la última década creció el porcentaje de adultos y jóvenes que dicen pertenecer a alguna religión, que le otorgan importancia a Dios en sus vidas y se sienten vinculados con un ser superior personal (no con un espíritu o fuerza). Sin embargo, sobre todo entre los jóvenes, cada vez son menos los que concurren al templo.
Estos datos surgen de comparar dos encuestas de Gallup realizadas en 1992 y en 1999 (año en que se tomaron los más recientes). Si en 1992 un 84% decía pertenecer a alguna religión, en 1999 lo aseguró un 93%de los encuestados. La importancia de Dios en la vida de las personas creció también (de 8,3 % pasó a 9%) y la creencia en un Dios personal subió significativamente (del 56% en 1992 al 72% en 1999). Entre los jóvenes, un estudio realizado por Demoskopia ("Estudio sobre la juventud en la Argentina"), señala también un crecimiento de su religiosidad (en 1992, un 43% se decía religioso, contra el 56%, en 1998; aunque la concurrencia al templo bajó).
Búsqueda de sentido
"El hombre descree de sus propias fuerzas e ideologías. Hay un desencanto general, porque la persona percibe que lo que puede hacer por sus propias fuerzas ya no le brinda respuestas", opinó la directora del Centro de Espiritualidad Santa María, Inés Ordóñez de Lanús, una mujer laica dedicada al acompañamiento espiritual.
Los especialistas creen que el hombre hoy vive disociado de sus deseos más hondos, en busca de una identidad que dé sentido a su existencia, sediento de respuestas, pero sin el formato de dogmas impuestos.
"El fenómeno de la globalización hizo que surgiera en el hombre un temor al anonimato y a la despersonalización. Por eso busca ligarse nuevamente a través de redes humanas que son un primer paso para un encuentro con Dios", continua Ordóñez.
¿Pero cómo se manifiesta esa búsqueda espiritual?
"En los sectores más rezagados que asisten perplejos a la crisis socioeconómica, la búsqueda de lo trascendente es, también, de supervivencia. Buscan alguien que pueda sostenerlos en medio de una enorme desesperanza", explica el obispo de Merlo-Moreno, Fernando Bargalló. Por eso cree que se multiplican las prácticas devocionales (la Virgen desatanudos, por ejemplo).
En las clases más favorecidas, los especialistas también constatan esta búsqueda, pero al margen de las iglesias tradicionales. "Existe un desencanto general con lo institucional y también conla Iglesia", comenta Bargalló, para quien la institución a la cual pertenece ha fallado en responder con una evangelización actualizada.
La encuesta de Demoskopiía confirma este alejamiento de los jóvenes. Si en 1992 un 27% de ellos de ellos no visitaba casi nunca al templo, en 1998 así lo atestiguó un 63 por ciento.
"La juventud tira por la borda el formalismo, y puede desprenderse de pertenecer a las instituciones clásicas, sin por eso arrastrar a Dios en el camino", sostiene la filósofa Josefina Dartiguelongue. Para ella, la crisis de sentido que vive el hombre hace que éste tome dos caminos: uno, narcisista e individualista en el cual las personas se quedan encerradas entre sus parecidos. Y otro, un movimiento solidario que hace salir al hombre de sí mismo y conectarse con los demás; un camino hacia lo trascendente.
Ofrecer un Cristo atractivo
El rabino Schlomo Mizrahi, de la comunidad Ormizrah de Belgrano, percibe en su comunidad algo distinto de lo que muestran las encuestas: una alta concurrencia al templo. "El doble de personas se acerca hoy a la sinagoga, comparado con cinco años atrás", comenta, convencido de que las comunidades ortodoxas resultan más atractivas. "Hay una vuelta a las raíces, a la fuente, en medio de la crisis", dice.
"El boom de lo religioso hoy se da al margen de las grandes religiones, en las sectas o en grupos de meditación oriental", subraya el sacerdote Víctor Fernández, para quien el desafío de las religiones organizadas hoy, no es tanto el secularismo, sino el atender la gran sed por lo trascendental con una respuesta que convenza.
Bargalló sostiene que hay un riesgo en estas prácticas que se dan al margen de lo institucional. "La new age, por ejemplo, ofrece una mística sensible, pero sin compromiso de transformación real ni moral que comprometa a la persona", sostiene. Ordóñez va más allá y sostiene que la new age está pasando de moda. Cree que a pesar del gran vuelco por las terapias alternativas y prácticas de meditación oriental, hoy el corazón del hombre está mejor preparado que hace unos años para que, desde la Iglesia Católica, por ejemplo, se pueda ofrecer un rostro de Cristo atractivo. Y opina que "la gente está mirando más a la Iglesia tradicional, por esa necesidad de pertenencia que tiene".
A pesar de coincidir con que la Iglesia, no ha sabido dar respuestas adecuadas, se entusiasma al notar que lentamente está respondiendo al pedido de Juan Pablo II, de ser misionera y salir al encuentro del corazón del hombre con gestos compasivos y comprensivos.


