
La presencia de Freud todavía perdura en su última casa
Conserva algunos de sus objetos más queridos, videos y dibujos que lo recuerdan
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LONDRES (Gran Bretaña).- El número 20 de la calle Maresfield Gardens está cerca de la estación de subte de Finchley Road. Hay que subir por una peatonal y preguntar a los vecinos dónde queda exactamente la casa. Los londinenses hace poco escucharon el primer gran anuncio del siglo: Tony Blair refiriéndose al desciframiento del genoma humano, una imagen que todavía perdura.
Sin embargo, en una esquina, hay una maestra dispuesta a descifrar el Map of London que lleva en la mano una turista perdida: "Al final de la calle que sube, doble a la izquierda", indica. En el camino quedan unos minutos para pensar que el número 20 fue también el que le dio nombre a un siglo que comenzó con otro gran acontecimiento: la publicación de La interpretación de los sueños . Alguien dijo entonces que soñar no era un mero acto somático. Que los sueños tenían relación con lo más propio e íntimo del sujeto, con su historia, su sexualidad. Que constituían "un camino hacia el inconsciente". Cuando el tiempo y la calle se acaban -y ya ante el frente de la casa de Maresfield Gardens- una placa de color azul confirma que el autor de aquel libro, "Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis, vivió aquí entre 1938 y 1939".
Una casa con historia
Freud llegó buscando refugio de los nazis, cuando Austria fue anexada a Alemania, y se mudó a esta casa el 27 de septiembre de 1938. Cinco años antes, sus obras habían sido públicamente quemadas. Con su habitual ironía, había expresado: "Y después dirán que la humanidad no progresa. Siglos atrás me habrían quemado vivo a mí. Ahora sólo queman mis libros".
De todo lo que puede verse en la casa -ahora convertida en museo- emana el calor de las cosas recién usadas. En verdad, Anna (la menor de los seis hijos que tuvieron Sigmund y Martha Freud) vivió aquí hasta su muerte, en 1982. Tiene dos plantas y pisos de madera que crujen a cada paso. Está llena de luz. El estudio y la biblioteca de la planta baja tienen como protagonista el diván original, traído de Bergstrasse 19, donde el psicoanalista escuchaba a sus pacientes, sentado en una silla verde que también sigue en pie.
Freud amaba coleccionar piezas arqueológicas con una intensidad que sólo podía compararse "con la adicción a los cigarros". Su estudio contiene una buena cantidad de antigüedades de Grecia, Roma, Egipto y Oriente. "Yo ilustraba mis comentarios señalando los objetos antiguos alrededor del consultorio. Aquéllos eran sólo objetos encontrados en una tumba, y con su entierro habían logrado conservarse." La arqueología servía de metáfora: lo consciente se erosiona, lo inconsciente no sufre el mismo proceso.
Para Freud, "la historia del psicoanálisis propiamente dicho sólo empieza con la innovación técnica de la renuncia a la hipnosis". En la sugestión que implicaba este procedimiento el sujeto estaba forzado a recordar algo, había que arrancarle un secreto. Aparece entonces la idea de un orden diferente del de la conciencia, no cronológico, y que tiene una lógica particular: la del inconsciente. Esa lógica que se pone de manifiesto en el soñar es el material de trabajo del analista, para quien lo que más importa es el relato del sueño, sus lagunas, traspiés y olvidos.
La publicación de La interpretación de los sueños no tuvo, en un primer momento, la relevancia que tuvieron días pasados los anuncios sobre el genoma realizados por Bill Clinton y Tony Blair. A comienzos del último siglo pocos se atrevieron a enfrentarse con ideas tan nuevas como las que postulaban la existencia de una sexualidad infantil o del complejo de Edipo.
Escaleras arriba
En el descanso de las escaleras que conducen al primer piso de la casa hay dos retratos de Freud. Sus autores: Ferdinand Schmutzer y Salvador Dalí. Al primero, con ironía, le agradeció personalmente: "Me da un gran placer y debo agradecerle realmente por el esfuerzo que le haya causado el reproducir mi fea cara, y le reitero mi convicción de que sólo ahora me siento a mí mismo preservado para la posteridad". El segundo es un dibujo con pluma que Dalí realizó luego de conocer a Freud en la casa alquilada por la familia en la calle Elsworthy, pero que el psicoanalista nunca llegó a ver.
El piso de arriba guarda elementos de Anna Freud y videos sobre su padre, que terminó de escribir en esta casa de Londres Moisés y el monoteísmo , mucho después de haber reformulado su teoría sobre los sueños en Más allá del principio del placer y de haber legado obras como Tótem y tabú o El malestar en la cultura . Freud también se refirió a las pulsiones de vida y de muerte, y afirmó que el ser humano presenta una tendencia a la "autodestrucción".
Ironías e intenciones
Su propia muerte lo encontró aquí, luego de haber convivido durante dieciséis años con su "viejo y querido cáncer" y treinta y nueve años después de haberle dicho a Carl Jung: "Con La interpretación de los sueños he completado mi obra. Sólo me queda acostarme y morir".
En el centenario de la publicación de su obra fundamental muchos de los conceptos de Freud mantienen una extraordinaria vigencia. Es probable que en poco tiempo a alguien se le ocurra buscar el gen del inconsciente, pero hasta el más empecinado de sus opositores se mostraría interesado en conocer con cuál de sus ironías Sigmund Freud se referiría a estas intenciones. Sin embargo, algo se aparta de cualquier discusión: al salir del número 20 de la calle Maresfield Gardens -donde murió el 23 de septiembre de 1939- no quedan dudas de que su obra ya está enmarcada en la posteridad.
Celebridades en la biblioteca
Goethe, Shakespeare, Flaubert, Heine y Anatole France, los autores predilectos de Freud, ocupan un sitio de privilegio en la biblioteca, detrás de su escritorio.
También pueden verse pinturas como Edipo y el acertijo de la esfinge y La lección del doctor Charcot , el hombre que había sido su maestro en el campo de la hipnosis y de cuyo método se apartó en 1896.
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