
La apuesta como medio para predecir el futuro
Intentan anticipar eventos inciertos
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El doctor Bernardo Huberman hace una afirmación que sorprende: dice que puede predecir el futuro.
No es que este físico argentino, residente desde hace varias décadas en los Estados Unidos, crea en el tarot o en la bola de cristal. Nada de eso. Diseñó una metodología -que echa mano tanto de la economía, como de la psicología o la matemática- capaz de predecir eventos inciertos utilizando el "conocimiento implícito" de un puñado de individuos. Y, al parecer, funciona.
"Armé un equipo interdisciplinario -cuenta el científico, que dirige el Laboratorio de Dinámica de la Información de Hewlett-Packard y es consultor de Física Aplicada de la Universidad de Stanford, además de autor de "Patterns in the Ecology of Information" ("Las leyes de la red global, patrones en la ecología de la información", MIT Press, 2001)-. Tratamos de entender cómo funciona un determinado fenómeno, pero más que nada desarrollamos nuevos mecanismos que nos permitan extraer información implícita que la gente tiene en la cabeza, pero que no se declara."
En uno de sus trabajos, el equipo de Huberman se propuso, por ejemplo, predecir la cantidad de equipos que vendería su empresa. "El sistema se basa en dos intuiciones muy simples -explica el científico, que hoy dará una conferencia-. Supongamos que yo le preguntara si mañana va a llover en Córdoba. Usted podría fijarse en el pronóstico y contestarme. Ahora, si le dijera que, si llueve en Córdoba, yo le doy a usted cincuenta dólares, pero si no llueve usted tiene que darme a mí treinta, sin conocerla, estoy seguro de que se va a comportar de forma más cuidadosa. Seguramente, llamaría a alguien que viviera en Córdoba y le preguntaría: «Che, ¿hay nubes o no hay nubes?», y ese tipo de cosas. En el momento en que hay dinero sobre la mesa, uno se comporta distinto. Por otro lado, si usted es una persona a la que le gusta arriesgarse, va a exagerar la predicción, y si es adversa al riesgo, la va a disminuir. Lo que nosotros hemos hecho es diseñar un juego que dura cuarenta minutos -en el que todo el mundo se divierte mucho- y que nos permite cuantificar las actitudes hacia el riesgo de nuestros sujetos de investigación. Después les presentamos un juego de escenarios y pueden apostar por uno. Aplicamos una fórmula matemática sobre las apuestas y corregimos las predicciones de acuerdo con la inclinación al riesgo. Esencialmente, obtenemos un probabilidad de que ocurra el evento. Y en general es muy certera."
Según Huberman, existe una enorme cantidad de evidencia experimental que indica que, incluso con montos pequeños, cuando se juega por dinero las opiniones toman otro cariz. Por otro lado, los investigadores también desarrollaron mecanismos para elegir a los participantes en sus experimentos de acuerdo con su pertenencia a intereses comunes, incluso cuando éstos no se vean reflejados en la estructura formal de su organización.
El sistema ya está siendo probado y utilizado en la compañía, pero en estos días, el interés de Huberman se dirige hacia otro tipo de mecanismos: "Es el problema de cómo hacer reservas en hoteles, restaurantes, aviones. En estos sistemas no se puede establecer cuán veraz es el usuario. Nosotros diseñamos un sistema que fuerza al que hace la reserva a que sea verídica por la forma como estructuramos el precio. Si usted está casi segura, paga cierto valor, y si la llega a usar, paga una diferencia pequeña. Pero supongamos que no sabe si la va a tomar. Le cobramos casi nada por hacer la reserva, pero mucho si la llega usar. Por la manera en que se quiere pagar por la reserva nos damos cuenta cuál es la probabilidad de que se la use. Hace una semana terminamos el experimento y dio muy bien. Ya pedimos una patente".






