
"El diagnóstico de mal de Parkinson puede demorarse hasta tres años"
Lo afirma el presidente de la Sociedad Internacional de Desórdenes del Movimiento
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Uno de los desafíos más importantes que enfrenta hoy el tratamiento de la enfermedad de Parkinson es que los pacientes sean diagnosticados tempranamente. Para el doctor Werner Poewe, presidente de la Sociedad Internacional de Desórdenes del Movimiento y jefe de neurología de la Universidad de Innsbruck, Austria, no hay que restar importancia a síntomas inespecíficos y, mucho menos, a la existencia de algún antecedente familiar.
Poewe estuvo en Buenos Aires, este fin de semana, como uno de los principales oradores del Día Mundial del Parkinson, que se celebró por primera vez en esta ciudad, presidido por el neurólogo argentino Oscar Gershanik.
Poewe explicó a La Nación que los nuevos tratamientos farmacológicos protectores que actualmente se investigan buscarán frenar la muerte de las neuronas que producen dopamina. Esta sustancia interviene en complejos circuitos cerebrales que regulan el movimiento y, al dejar de producirse, causa los síntomas típicos del Parkinson: bradinesia (o lentitud de movimientos, síntoma prioritario, aunque no siempre el primero en presentarse), temblor y rigidez.
Pero como estos síntomas se presentan una vez que ya se ha perdido el 70% de las neuronas dopaminérgicas, la mejor intervención sería aquella que evitara esta muerte celular a través de drogas.
"Para que las nuevas terapias farmacológicas sean eficaces al máximo -señaló- será necesario identificar individuos en riesgo. Existen métodos diagnósticos, como el PET o el Spect, que permiten detectar alteraciones dopaminérgicas en el cerebro en personas asintomáticas. Sabemos que aun en los países más desarrollados el intervalo entre el primer síntoma y el diagnóstico lleva entre dos y tres años... Es que muchos médicos no reconocen los indicadores tempranos y pierden tiempo. Si podemos educar a los profesionales para que los tomen en cuenta ganaríamos varios años. Se calcula que, en el Parkinson, muere entre el 8 y el 10% de neuronas por año. Si ganamos tres años, evitaríamos la muerte del 25% de esas neuronas dopaminérgicas."
Presente y futuro
El doctor Poewe comentó que uno de los desarrollos más excitantes actualmente en materia de Parkinson son los descubrimientos genéticos en cuanto a ciertas formas hereditarias de la enfermedad. "Uno de los genes, el Parkina -dijo-, que es responsable del 75% de los pocos casos de Parkinson en menores de 30 años (un 5%), nos está dando nuevas respuestas a una pregunta que hasta ahora no hemos podido responder: ¿por qué mueren las células dopaminérgicas? Estos descubrimientos genéticos hacen dirigir la mirada hacia ciertas proteínas que tienden a agregarse o acumularse debido a su plegadura anormal, lo que desencadena una cascada de eventos patológicos en la célula. Lo que creemos es que siempre existiría la misma proteína acumulada, la alfasinucleína , en todas las células dopaminérgicas cuando hay enfermedad de Parkinson, tanto en los casos genéticamente determinados como en los esporádicos."
Otro aspecto importante, asociado a la medicación, es que en aquellos casos en que la enfermedad comienza luego de los 65 años existe alrededor de un 40% de posibilidades de padecer problemas cognitivos (por ejemplo, disminución de la atención y la vigilancia) y, en ciertos casos, también efectos colaterales psiquiátricos, una década después de iniciado el problema.
"Este aspecto -agregó el doctor Poewe- hace que el Parkinson se vuelva una enfermedad bastante cara. Lo principal es encontrar tratamientos que reduzcan las complicaciones."
Sobre los anuncios acerca de revolucionarias terapias que curarían no sólo el Parkinson sino también otras enfermedades, Werner Poewe tiene la prudencia característica del auténtico científico. "Es algo para el futuro. Se han hecho cirugías de implantes cerebrales y se comprobó que las células pueden crecer dentro del cerebro, mantenerse vivas y producir dopamina... Pero los resultados no fueron lo suficientemente satisfactorios todavía. Quizá sea posible más adelante, cuando hallemos una fuente de tejido más simple y una noción más acabada de en qué cantidad, dónde y cómo colocar el nuevo tejido... ¿Cuándo? Yo diría que en unos diez años..."
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