
Así como los grandes autoshows nos exhiben la renovación y el futuro de la industria automotriz, muestras como Autoclásica, que se realizó el fin de semana último, nos recuerda de dónde viene y cómo se forjó la actualidad del mundo del automóvil.
Lo mejor del caso es que es más que eso. Todos los años Autoclásica nos sorprende (más de 52.000 personas recorrieron los jardines del Hipódromo de San Isidro en esta edición 2016) con autos cargados de historia, que sólo los entendidos y especialistas conocen, y con modelos que marcaron hitos en el derrotero de la historia del automóvil y también de las motocicletas.
Sin ir más lejos, el máximo premio de la muestra, el Best of the Show (además, por primera vez en la historia de Autoclásica, este auto ganó también los premios de su categoría Competición Interancional y el Germán Sopeña al Mejor Automóvil Deportivo Contemporáneo), es uno de esos autos con una historia para contar. Se trata de un exclusivo Ferrari 250 LM de 1964 (foto de tapa), Gran Turismo fabricado en Maranello para que sirviera tanto para la calle como para la competición, dentro del Grupo 3 de autos GT en las carreras del Mundial de Resistencia.
Ferrari fabricó 32 250 LM entre 1964 y 1965 (V12 3.3 L 320 HP) y las puso a la venta en sus concesionarios de todo el mundo; pero el auto era caro y muy especial, por lo que terminaron en poder de escuderías privadas como la famosa North American Racing Team (NART) de Luigi Chinetti, que competía en las carreras de larga duración. Pero la historia no termina allí, la FIA encuadró al auto como Sport Prototipo y no como GT, por haberse fabricado menos de cien unidades. Esto enfureció al Commendatore Enzo Ferrari y el 250 LM nunca compitió con los colores oficiales. Pero tampoco le hizo falta para hacerse un lugar en la historia: el austríaco Jochen Rindt (único campeón post mortem de Fórmula 1) y el norteamericano Masten Gregory llevaron a uno de los 250 LM del NART al triunfo en las 24 Horas de Le Mans de 1965. La unidad premiada en Autoclásica 2016, única en América Latina, fue conducida por el propio Jochen Rindt y restaurada por la división de clásicos de Ferrari. Sin duda, una joya invaluable.
Aquellos tiempos de la Fórmula 1

Con menos pergaminos, pero más cerca del corazón de los aficionados argentinos, en la carpa de los autos de competición reposaba un coche emblemático en la carrera de Carlos Reutemann en la Fórmula 1, el Williams FW07B-Cosworth 1980 con el número 28, que usó el santafesino en su primer año en las huestes de Sir Frank, como coequipier de Alan Jones, a la postre campeón mundial esa temporada. La historia es conocida, al año siguiente (1981) con ese mismo modelo, Reutemann estuvo a punto de coronarse Campeón Mundial de Fórmula 1, perdiendo esa posibilidad en la carrera final realizada en un circuito improvisado en el ¡estacionamiento del hotel Caesars Palace de Las Vegas! Enfrente del Williams, había otros dos coches claves en la campaña internacional de Lole, los Brabham BT30 (1970) y BT36-Cosworth (1971), con el que salió Subcampeón Europeo de Fórmula 2.
Las salinas de Bonneville

A pocos pasos, directamente de Renault Classic y exhibido por primera vez en el continente americano, la marca del rombo trajo un automóvil que recibió una mención especial del jurado de Autoclásica, precisamente porque su singularidad le impide estar encuadrado en alguna de las categorías premiadas. Se trataba del streamliner Étoile Filante (Estrella Fugaz), que en 1956 batió cuatro récords mundiales de velocidad para su categoría en las míticas salinas de Bonneville, Estados Unidos, alcanzando los 308,8 km/h con su turbina de gas Turbomeca de 270 HP.

Y esto es sólo una selección absolutamente subjetiva entre los más de 900 vehículos que engalanaron la tradicional exhibición de San Isidro. Porque hubo mucho más para deleitarse, como la increíble muestra con 40 impecables modelos Jaguar; el rincón de los Torino (a 50 años de su lanzamiento comercial en la Argentina producido por IKA, Industrias Kaiser Argentina), y los estupendos vehículos que todos los años exhiben clubes, museos, marcas y coleccionistas: Mercedes-Benz, VW Escarbajos, MG, Mustang, Corvette, Ford A, Volvo, Morgan y muchos más, sin olvidar a las motocicletas, con nota destacada para la mejor del show, una espectacular AJS 38/2A V-Twin 990 cc con sidecar (todo un lujo) de 1938.

Otros coches para destacar fueron el Buick Electra 225 1968 Convertible que se llevó el premio Gustavo Fosco al diseño, y los dos que llegaron a la terna final por el galardón máximo Best of the Show: un Ford GT40, modelo que se forjó su fama mundial como múltiple ganador de las 24 Horas de Le Mans en la década del ‘60 y un BMW 507 convertible en impecable estado de conservación y funcionamiento.
Ahora sólo queda prepararse para las sorpresas del año próximo, una especialidad de Autoclásica, que no en vano es una de los ocho muestras de su tipo más importantes del mundo.







