Vigencia: diez años después, la gran disitinción
El arquitecto Jorge Hampton recibió el Premio Década por su casa de Palermo Viejo, una obra madura, pero moderna, que combina hormigón y viejos muros
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La casa del Pasaje Santa Rosa y Thames, en Palermo Viejo, obra de Jorge Hampton (Hampton-Rivoira Arquitectos), con Diana Cabeza encargada del equipamiento, se llevó en diciembre último el Premio Década, respondiendo a la convocatoria de ser la mejor obra terminada entre el 1º de enero y el 31 de diciembre de 1994.
El Premio Década cumplió su segundo año de vigencia en la Argentina, y la Universidad de Palermo, que lo otorga en conjunto con la Fundación Oscar Tusquets de Barcelona, con el auspicio de la Oficina Cultural de la Embajada de España y que contó con la presencia en el jurado del arquitecto español Jesús Aparicio, eligió esta vivienda de acuerdo con claros objetivos que su decano, Carlos Sallaberry, destaca: "Reconocer el valor de una obra terminada diez años antes, sus cualidades constructivas, su integración con el medio, su vigencia, su sencillez, un autor y su consecuente mirada de la arquitectura".
La vivienda de Palermo Viejo creada por Hampton tiene una superficie de 260 m2 y organiza, dentro de un envoltorio italianizante preexistente -una farmacia de 1904-, tres cuerpos de construcción nueva, ya que el interior original estaba altamente deteriorado. Los dos primeros cuerpos ocupan la esquina separados por un patio interno, y el tercero, jardín de por medio, el fondo.
La valoración
"Una obra madura en su concepción y su ejecución". Así califica esta vivienda Jesús Aparicio; al mismo tiempo, valora la riqueza espacial que se logra en los tres ámbitos interiores continuos conectados mediante patios, así como "las tres materias principales que constituyen el espacio: los muros de la casa anterior que se utilizan como tapias para dar privacidad a la vivienda, la intervención decidida y moderna, en hormigón armado, y la intensa vegetación que, junto con el aire y la luz, construye la continuidad espacial".
La escalera de madera actúa como charnela espacial, tanto horizontal como verticalmente. Aparicio destaca también: "En esta casa se resume de forma ejemplar el entendimiento del movimiento moderno, siempre más ligado a la percepción visual de la forma, junto con la tradición vernácula, más vinculada con el conocimiento táctil".
Y así lo entendió el autor al señalar como característica de la trama urbana la persistencia histórica de estructuras edilicias adaptables para nuevos usos. "Esta capacidad de regeneración -dice Hampton- implica la posibilidad de desalentar la proliferación de la arquitectura-objeto mediante un uso sensato y económico de soportes vigentes, con su escala adecuada y su textura superficial."
Fundamental en esta propuesta fue también el equipamiento, concebido aun antes que ciertas decisiones materiales, y que es protagonista del espacio, surgiendo como elementos singulares.
Aquí domina el estar-comedor, al que se ingresa desde el patio con sus muros cubiertos por enredaderas, canteros con cañas de bambú y algunos árboles entre las plantas, como el lapacho, que en ocho años superó con creces los 3 metros de altura del muro medianero. Tras el estar, la luz natural vuelve a filtrarse a través del lucernario que remata la escalera de madera, y equilibra con el patio interior, pulmón entre comedor y cocina en planta baja, y dormitorios en la alta. El contrapunto a la fuerte luminosidad lo da el muro longitudinal negro, pensado como contenedor de objetos de arte y de uso, con iluminación puntual y dirigida. Una losa de hormigón visto arma el piso superior y cubre este espacio principal.
Sobre el lateral opuesto, una pared biblioteca delimita el comedor y un pequeño rincón de descanso. Todo el frente está acristalado sobre el patio de acceso, que se usa como estar exterior, con tendidos de sombra y una vegetación elegida para lograr una verdadera aislación térmica en los días más calurosos.
Vivienda actual de los arquitectos Hampton y Cabeza, en este proyecto se incluyeron objetos de mobiliario diseñados por Diana Cabeza para casas anteriores. Por ejemplo, el cristalero, original pieza de madera con apertura por ambos frentes, que cierra uno de los extremos del estar, junto a la escalera, y es pivotante sobre un eje metálico. El detalle: los ojos de buey permiten un juego visual con la cristalería que contiene. El equipamiento cuenta también con piezas tradicionales, como la silla BKF y el sillón de descanso con apoya pies de Charles Eames, entre otras.
Debe recordarse que el premio no se divide en categorías por escala o tipo de obras, y que en su primera edición, en 2003, fueron elegidos el Museo Xul Solar, de Pablo Beitía, por 1993, el Banco de Londres, de Sepra y Clorindo Testa, y el Teatro y Centro Cultural San Martín, de Mario Roberto Alvarez y Asociados, por las décadas anteriores, desde 1960.
Los otros seleccionados
Jesús Aparicio hizo una mención especial a los lofts Salguero, de Víctor Feingold y Asociados, pero también fueron seleccionados para el premio el Instituto Fleming, de Bemi Fiszbein Patricia Gentile y Aída Daitch; la Escuela de Psicoterapia para Graduados, de Luis Bruno, Marcelo García Ferrer, Agustín Garona y Graciela Vázquez; el edificio de Guatemala 4590, y el bar Odeón, ambos de Benadon-Berdichevsky-Cherny; el edificio Town House 11, de Abel Trybiarz y Gerardo Waisman; Puerto Viamonte I y II, de Peralta Ramos Sepra, Robirosa, Beccar Varela, Pasinato, y Juan Carlos López y Asociados; la sede de Ciadea Renault Argentina, de Diego Félix San Martín y Martín Lonné; el edificio Pluspetrol de Mario Roberto Alvarez y Asociados, el Novartis, de Aslan y Ezcurra y Asociados, y el Dock 7 de Puerto Madero, de Baudizzone, Lestard, Varas.



