Una charla con Elisabetta Fabbri
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Fue merced a la arquitecta Mariana Warden que recibí hace pocas semanas un hermoso libro (La Fenice Ricostruita) en el que se registra todo el proceso vivido en el teatro La Fenice, de Venecia, y gracias a una iniciativa de la señora Teresa Bulgheroni pasó una semana entre nosotros la arquitecta italiana Elisabetta Fabbri, una experta que ha desempeñado tareas de alta responsabilidad en las obras de ese emblemático teatro veneciano y de la Scala de Milán.
Durante su corta estada se puso en contacto con el equipo que maneja el Máster Plan de las obras de recuperación del Teatro Colón (con las arquitectas Silvia Fajre y Sonia Terreno) y aportó la experiencia adquirida en operaciones similares ya concretadas.
Oriunda de la ciudad de los canales, evoca vívidamente la jornada del 21 de enero de 1996, cuando se enteró en Mestre del incendio que envolvía al teatro símbolo de Venecia. Y recuerda cómo se elevaban las llamaradas por encima del skyline veneciano iluminando con sus reflejos las lágrimas de pobladores y turistas que eran testigos de la tragedia. Tres meses después presentó una propuesta de reconstrucción y al día siguiente fue convocada para hacer el plan que serviría para licitar la obra en un proceso que iba a abarcar siete años. Hoy, dice, la ciudad de Venecia está contenta y feliz con la Fenice reconstruida, que además aumentó su capacidad de 840 a 1000 espectadores.
Al hablar de la legendaria sala de la Scala, nuestra interlocutora dibuja con pocos trazos el esquema básico de la obra emprendida por la Comuna de Milán, que en el año 2000 hizo el encargo para proceder a las obras de restauración y acondicionamiento técnico y funcional del teatro. Con relación a la intervención del arquitecto Mario Botta, el complicado organigrama que nos detalla Elisabetta señala a un terceto que integraron dos ingenieros (Malgrande, a cargo de la ingeniería escénica, y Parmiggiani, en la distribución de las áreas nuevas) y ella misma como responsable de la restauración y conservación de la caja muraria y del plan definitivo del conjunto. La empresa adjudicataria (CCC, Consorcio Cooperativo de Construcción) llamó a Mario Botta para resolver un volumen edilicio en el área del palco escénico y la torre del escenario. En una actitud que Fabbri pondera por su humildad, Botta pidió dos meses "para estudiar el problema" advirtiendo que era muy difícil y acaso excediera sus posibilidades. Por fin, cumplido el plazo, presentó lo que nuestra visitante define como "un bellísimo ejemplo de proyecto y conservación".
Como un dato curioso, nos relata que en las dos salas se logró mejorar la acústica, un hecho verificable porque quiso el azar que 10 días antes del incendio que la destruyó se hizo una medición sonora de la Fenice y había también relevamientos acústicos de la Scala. El alemán Müller asesoró en Venecia y el catalán Arau lo hizo para la sala de Milán.
He aquí una primera diferencia con el caso del Colón, célebre en el mundo entero por sus virtudes acústicas, las que debe conservar a todo precio después de la intervención realizada en el edificio. Un edificio que elogia con calor Elisabetta, incluso en la ampliación moderna, donde la asombraron los cuatro pisos bajo tierra con excelente iluminación natural.
Una vez más, los visitantes valorizan aquello que, entre nosotros, muchos subestiman.



