Gana el diseño Hacia una ciudad-máquina productiva
El ex Mercado de Pescado se transforma en un centro para incubación de empresas
El primer resultado de un concurso nacional de anteproyectos de este año se conoció hace pocos días. Para la consolidación, reciclado y obra nueva del edificio del ex Mercado de Pescado por convertirse en el Centro Metropolitano de Diseño (CMD), el primer premio fue otorgado al arquitecto Gastón Flores, con un equipo de asociados integrado por los arquitectos Alejandro Dafunchio, Alejandro Dayan y Sergio Ronzoni, con Juan Manuel Pampín y Macarena De Lellis como colaboradores, y los ingenieros Mario Fosco, Oscar Rugilo y Osvaldo Doppler como asesores.
Cabe destacar la juventud del equipo del proyecto: Gastón Flores se graduó en 1997; fue becario del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo durante su carrera. Tiene varios premios en su haber, entre otros, los del nuevo acceso del Museo Nacional de Bellas Artes, el centro deportivo y cultural de la UADE, el quinto premio de los Tribunales de Comodoro Rivadavia y mención en el de ideas para Colegiales (los tres últimos realizados en 2001).
El CMD se planteó, desde las bases del concurso, como un lugar donde el diseño sirva a la producción e incremente el valor agregado de los objetos, con idea de mejorar las condiciones de competitividad de diseñadores y productores. Para eso, el núcleo del CMD son las incubadoras, programas cuyo objeto es facilitar el surgimiento de emprendimientos productivos, con asistencia para que las nuevas empresas sobrevivan en su etapa inicial.
Un espacio propio
Un edificio-incubadora debe ofrecer un espacio propio dentro de un ámbito compartido entre empresas, asesoramiento técnico, capacitación y consultoría, contactos comerciales, acceso a equipos y condiciones de logística, como compartir servicios generales, comunicación, informática, mantenimiento, transporte, capacitación en comercialización y difusión. Vencido el plazo asignado para permanecer en la incubadora, las empresas deben tomar una nueva localización, cercana, para independizarse, pero al mismo tiempo seguir conectadas al CMD, institución guía. Por eso, un buen proyecto de incubadora debe producir una acción revitalizante de su entorno, para transformar espacios cercanos en centros de producción. El espacio físico de una incubadora es variable: desde un escritorio junto a los consultores hasta un módulo mínimo de 50 m2 para diversos proyectos, compartiendo los espacios que no sólo son físicos, también deben ofrecer sitios virtuales para empresas que no pueden radicarse en el Centro. Alrededor de las incubadoras giran los otros elementos del programa, de carácter público. Estas incluyen la institución Centro Metropolitano de Diseño, que administra el proyecto incubadoras y cuenta con servicios para éstas, pero que, además, debe generar otras actividades destinadas a nutrir tanto a las incubadoras como a la ciudad. También el Instituto de Formación de Diseñadores Graduados, destinado a formar profesionales y conectarlos con la producción.
El primer premio
En la propuesta de Gastón Flores y su equipo, entendido el CMD como motor de crecimiento regional en el desarrollo del área sur de Buenos Aires, se propone una fuerte relación con el entorno: la conexión con la estación Hipólito Yrigoyen y la franja del Riachuelo. Se prevé la consolidación del borde costero, la creación de espacios públicos recreativos, la apertura de una calle paralela a las vías del tren y un paso que integre al CMD con el sistema urbano.
El equipo tomó formas reconocibles en el paisaje de Barracas para dar identidad a la obra: torres de agua, grúas, construcciones ferroviarias, visibles más allá de los límites de la costa del Riachuelo que se convierten en referentes ineludibles.
El edificio es un semiclaustro en dos niveles, con un espacio central techado con galpones a dos aguas organizados como naves paralelas y una calle interior perpendicular a ellas. En las construcciones existentes, de borde, y en un nuevo pabellón que completa la manzana, se ubican las incubadoras. En el interior del claustro están los sectores administrativos, de exposición, educación, auditorio y biblioteca, espacios eminentemente públicos.
En las naves mayores se disponen los programas funcionales en elementos que los autores llaman, por analogía, barcos, cuya forma está dada por la extrusión de una sección envolvente. Esta construcción admite armados parciales y modificaciones posteriores, dada la serie de etapas que el proyecto requiere para poder completarse.
El sistema constructivo propuesto favorece la rapidez y economía. Se utilizó perfilería de acero laminado portante adosado a la estructura existente de hormigón armado con cerramientos en panelería de chapa pintada y entrepisos en malla estructural de acero electroforjada. Los barcos se arman con perfiles doble T y de alma llena, con varias alternativas de cerramiento.
La imagen en el CMD es fundamental. El criterio fue revalorizar el carácter de lo existente y convertirlo en referente para la zona. La revalorización de la impronta industrial de Barracas fue especialmente considerada en la crítica de jurado.
"El concepto del edificio es un conjunto de elementos con autonomía funcional y formal que constituyen una especie de ciudad-máquina productiva", sintetiza Gastón Flores. No es un edificio de oficinas ni un taller de trabajo, sino un contenedor de actividades heterogéneas y temporales. Por eso, la cualidad de transformarse es básica en el proyecto del Centro Metropolitano de Diseño.
De jurados, premiados y opiniones
El jurado que dirimió los premios entre los más de 80 trabajos presentados estuvo presidido por Adrián Lebendiker, en representación del jefe de Gobierno e integrado por los arquitectos Clorindo Testa (por los participantes), Silvia Fajre (Secretaría de Cultura, GCBA), Carlos Blanco (Secretaría de Desarrollo Económico, GCBA), Horacio Cornejo (Fadea) y Horacio Baliero (SCA). Este jurado valoró fundamentalmente en el primer premio su esquema claro y el buen tratamiento del espacio urbano, la forma en que las áreas comunes en el interior reproducen situaciones del entorno y crean un espacio unificado con aspectos emblemáticos típicos de Barracas. Para el jurado, contribuye también a la unidad, en este caso formal, que la misma propuesta constructiva resuelve unidades pequeñas y grandes.
Algunas críticas que circularon sobre el trabajo premiado tras conocerse el fallo se centraron en la altura de los elementos emblemáticos que adopta el proyecto que superarían el plano límite impuesto por las reglamentaciones. Consultados los arquitectos Baliero y Testa, como integrantes del jurado, expresaron que, aun de ser así, este aspecto no resulta relevante frente a los valores de la propuesta y, en todo caso, es modificable en el ajuste de proyecto. Pero destacaron ambos jurados la distancia cualitativa entre los trabajos distinguidos y el resto de los presentados, así como entre las propuestas de los premios y de las menciones, tema que llevó a declarar desierto el tercer lugar.
De las dos propuestas con mención
Tras declarar desierto el tercer premio, el jurado resolvió adjudicar dos menciones, sin orden de mérito, entre las que se distribuirá la retribución dineraria correspondiente al tercer lugar.
Una de ellas pertenece al trabajo de los arquitectos Marcelo López, Alfredo Rezzoagli, Darío López, Laura Leyt y Mariana Yablón, integrantes del grupo Arquitectónika, con la arquitecta Geraldine Ladino en el equipo de proyecto y, como colaboradores, Ricardo Balbiani, Claudia Neri, Diego de Franceschi, Sebastián Schiller, Mariano Mamone, Diego Pugliese, Juan Pablo Yakubiuk, Pablo Pirolo, Diego Morando y Roberto Goldsztein, y como asesores el ingeniero José Blanco y el arquitecto Jorge Bembasat.
Este equipo se propuso diseñar espacios que favorecieran encuentros e intercambios. Las actividades se desarrollan en unidades funcionales y espaciales asociadas: las aulas, con laboratorio y taller, forman una unidad funcional, para que el conocimiento teórico y la producción mantengan unidad visual, con la totalidad volcada hacia los espacios estructurantes. La organización general fue el punto más valorado por el jurado en este anteproyecto.
Exaltación de valores
La otra mención correspondió al trabajo de los arquitectos Cristian Caretta, Guillermo Lesch, Fabián Maci y Mariana Soldini, con Matías Bertolini, Sergio Martino, Pablo Martino, Diego Kaufman, Sebastián Zelwianski y Santiago Contartese como colaboradores, y el arquitecto Alejandro Polizzi como asesor estructural.
Aquí se tomó como protagonista el edificio heredado, con una intervención que exalta sus valores, en especial su atmósfera espacial, mediante la escala, la altura y la luz. Para lograrlo se van encapsulando espacios de usos específicos con cerramientos livianos, y se dejan áreas libres para usos comunes, con toda la altura libre.
Se generan así vacíos que al interactuar permiten la percepción total del conjunto, funcional y espacialmente. El jurado valoró el planteo general, el armado del espacio central y de las unidades de producción.