En Paraná, el río y la barranca son los protagonistas
El proyecto de recuperación de la Costanera baja
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La ciudad de Paraná está por iniciar la recuperación de uno de los sectores más significativos y que más la representan ante locales y visitantes. Como resultado de un concurso de ideas se acaba de adjudicar el primer premio al trabajo presentado por el arquitecto paranaense Rubén Cabrera para la recuperación del área costanera baja, en el sector correspondiente al pie de la barranca del Parque Urquiza, a la altura del hotel Mayorazgo.
Paraná posee un destacado emplazamiento respecto de la costa fluvial del río homónimo. Se trata de una localización en la que el río hace una inflexión permitiendo que el frente de la ciudad mire hacia el Norte. Posee, además, una pronunciada y forestada barranca que, merced a sus articulaciones, favorece su uso y aprovechamiento. Ese vínculo tan especial entre la ciudad, su topografía y el río se consolidó en la década del treinta con la construcción del Parque Urquiza que, desde entonces, pasó a convertirse en un símbolo de Paraná y el principal espacio público de expansión ciudadana.
El paso del tiempo y la erosión provocada por el río llevaron al gobierno de la provincia de Entre Ríos junto con el municipio de Paraná a encarar la obra de estabilización de la barranca en el tramo más afectado, que va desde el antiguo atracadero de balsas hasta el Paraná Rowing Club.
La obra, que se prevé iniciar a comienzos del año próximo, se realizará mediante el Programa de Protección contra Inundaciones (PPI 4117-AR), un préstamo que es cofinanciado por el Banco Mundial y el Jexim Bank de Japón, con la supervisión y coordinación de la Secretaría de Obras Públicas del gobierno nacional. Y es dentro de dicho programa que los responsables de ejecutarlo: la Subunidad Provincial de Coordinación para la Emergencia (Supce), junto con el municipio, decidieron convocar a un concurso de ideas para el tratamiento urbano y pasajístico de ese sector. Se trata de una iniciativa que propone vincular la solución de ingeniería de estabilización de la barranca con un diseño del espacio público que permita calificar ese sitio tan representativo de la ciudad. Las nueve propuestas presentadas, que involucraron a más de 30 profesionales, tuvieron como patrón común un respetuoso tratamiento de ese espacio del frente costero, lo que revela la importancia que el área posee para los concursantes.
Una firme costura
El trabajo seleccionado por unanimidad del jurado (realizado por el arquitecto Rubén Edgardo Cabrera con la colaboración de Thomas Morahan, Nicolás Sartori, Marcelo Saus y Gonzalo Torquati) propuso un sobrio paseo que se adecua al sitio como si fuera una firme costura que enlaza los dos principales protagonistas: el río y la barranca.
Se trata, según señalan los arquitectos, de "integrar un espacio artificial a la actual situación de esta porción de parque, con una arquitectura despojada, desnuda y ascética, que permita la exaltación del paisaje natural".
Una de las características de la convocatoria residió en que el área de intervención sólo comprende un sector de la costanera; no obstante, todos los trabajos presentados abarcaron en sus propuestas todo el frente fluvial hasta el denominado Puerto Nuevo.
El proyecto destaca la vocación peatonal del área y en tal sentido propone una relación de carácter contemplativo a partir de la definición de circulaciones lineales y áreas mirador.
Es interesante destacar cómo los diseñadores tomaron uno de los condicionantes del programa en un elemento estructurante de la propuesta.
En efecto, por requerimiento del sistema de protección de la barranca que se realizará mediante un tablestacado metálico, las bases del concurso plantearon la necesidad de implementar un retiro de 3,50 metros desde el borde del coronamiento del tablestacado a efectos de contar con un área que quedará bajo el agua cuando el río tenga crecientes de importancia (recurrencia uno en diez años).
A partir de este requisito, los proyectistas plantearon la continuidad del paseo peatonal a nivel de vereda de la avenida Laurencena, y en el retiro mencionado una circulación peatonal separada de la anterior por canteros de césped que asumen la diferencia de niveles.
Las rampas que vinculan sendos recorridos, así como el equipamiento propuesto contribuirán a caracterizar el paseo.
Los materiales
Los materiales por utilizar serán de bajo mantenimiento y costo: la baranda principal, que sufrirá el embate de las crecidas se propuso en hormigón premoldeado rigidizada por un asiento continuo del mismo material y completada por un pasamanos de hierro redondo; los solados serán similares a los existentes con hormigón pobre; las columnas de iluminación emitirán la luz en forma indirecta, y los bancos y basureros serán también de hormigón armado. La ejecución del paseo le permitirá a la ciudad disponer de un calificado espacio para el esparcimiento y la contemplación del río.
Una necesidad que, tal como señaló el intendente de Paraná, Sergio Varisco, en el acto de entrega de premios, al tiempo que se cristalice producirá una revaloración de un parque que es orgullo de todos los paranaenses.
La convocatoria
- Una de las características de la convocatoria consistía en que el área de intervención sólo comprende un sector de la costanera, el correspondiente al pie de la barranca del Parque Urquiza, a la altura del hotel Mayorazgo. Sin embargo, todos los trabajos presentados abarcaron en sus propuestas todo el frente fluvial hasta el denominado Puerto Nuevo. El trabajo seleccionado, del arquitecto paranaense Rubén Cabrera, propuso un sobrio paseo que se adecua al sitio como si fuera una firme costura que enlaza los dos principales protagonistas: el río y la barranca.
Un mirador sin playa
La propuesta para la nueva costanera resuelve con inteligencia uno de los aspectos que había presentado cierta controversia respecto de la posibilidad de disponer de una playa en el sector de la intervención.
Según explicó el subsecretario de Recursos Hídricos y Medio Ambiente, ingeniero Carlos Ricciardi, se realizaron modelos físicos y matemáticos del área con el fin de verificar el comportamiento hidráulico y puesto que para poder contar con una playa se debería hacer espigones, los estudios demostraron que los espigones eran inestables frente a las crecidas del río. "En ese brazo del río", explicó el funcionario, la corriente principal ( talweg ) se recuesta sobre la costanera alcanzando una profundidad superior a los 15 metros de manera que la ejecución de espigones podría tener un efecto imprevisible no sólo sobre los mismos, sino sobre la corriente del río y sobre la isla que se sitúa frente a la ciudad. Esa condición produce un aumento de la velocidad del río de manera que la única forma de evitar que se continúe desestablizando la barranca es por medio de un tablestacado continuo.
"Hoy existen restricciones severas producto de una situación natural que son imposibles de franquear con una solución de ingeniería; el proyecto seleccionado fortalece el contacto con el río a la vez que permite recuperar un área con un gran potencial que actualmente está subutilizada", concluyó.



