Silencio, lágrimas y dolor en el cementerio de Pilar
Casi todos los concurrentes seguían sin entender el porqué del brutal asesinato
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Mientras la investigación apunta al entorno íntimo, ayer toda la familia y amigos de Ángeles Rawson se reunieron para darle el último adiós en el Jardín de Paz de Pilar, donde sólo reinaron el silencio y el dolor.
Tres días pasaron desde que la adolescente de 16 años fue encontrada muerta en un predio de la Ceamse, en José León Suárez.
Fueron tres días interminables para la familia, cuyos signos de cansancio se reflejaban en sus rostros. También pesaba en ellos la incertidumbre sobre quién o quiénes habían sido los responsables del horrible asesinato de Ángeles.
El recorrido del cortejo fúnebre comenzó a las 13.15, en la sala velatoria de Cochería Paraná, situada en la calle Maipú 4135, en Olivos. Desde anteanoche, familiares, amigos y vecinos de Ángeles se acercaron hasta allí para dar sus condolencias. "Sigo sin entender lo que pasó. Ella era una chica demasiado buena como para que algo así le pase", dijo uno de los amigos de la víctima con su voz entrecortada por la emoción.
A medida que se acercaba la hora estipulada para la partida hacia el cementerio de Pilar, todos comenzaron a reunirse en la puerta de la cochería.
A las 13.15, el vehículo portacoronas y el coche fúnebre se abrieron paso lentamente en la avenida Maipú rumbo al Norte, seguidos por una innumerable cantidad de automóviles con familiares, amigos y allegados de la víctima.
Cerca de 40 minutos después, los restos de Ángeles llegaron al cementerio de Pilar. Antes de ingresar en la capilla, todos se reunieron alrededor del ataúd. En ese momento reinaba un silencio casi total, sólo se oían el silbido de algunos pájaros y lejano pasar de los vehículos por la autopista Panamericana.
En cada pausa que se tomaba el sacerdote durante la misa se oían los llantos desgarradores de familiares y amigos. No quedaba espacio libre en la pequeña capilla, que estaba ocupada por unas 150 personas. Pocos se quedaron afuera.
Luego de la ceremonia religiosa, el féretro fue llevado hasta su tumba. Esta vez, el marido de la madre de Ángeles, Sergio Opatowski, no acompañó de cerca el féretro, prefirió mantenerse unos pasos atrás. En ese recorrido de no más de 20 metros, la madre de la joven, María Elena Aduriz, todo el tiempo estuvo abrazando el ataúd. Su padre, Franklin Rawson, también acompañó el cortejo con la mirada fija en el piso. Ambos no tenían consuelo.
Frente a la tumba se repitió la imagen de la capilla. Casi todos lloraban. Varios amigos llevaron pequeños regalos para dejarle a Ángeles. Desde volúmenes de uno de sus "manga" (Cómic japoneses) favoritos, Los Caballeros del Zodíaco, hasta colecciones de CD de Linkin Park, una de sus bandas predilectas.
Sus compañeros del colegio Virgen del Valle, todos vestidos con el uniforme de ese establecimiento, le dejaron cuadernos con tareas de la escuela. "Como ella nos ayudaba siempre fue una forma de homenajearla" explicó uno de ellos.
Cuando el féretro ingresó en la tumba el ambiente del lugar volvió a cambiar: todos comenzaron a aplaudir. No obstante, segundos después los gritos desgarradores de dolor volvieron a oírse. Sus tíos y primos fueron los protagonistas esta vez. Todos arrodillados frente a la tumba, abrazados entre sí y unidos en el llanto.
Al mismo tiempo, Opatowski se alejó bastante del lugar, parecía que necesitaba su propio espacio. Todos los presentes comenzaron a retirarse. De a poco sólo el círculo familiar íntimo quedó allí. "Ahora hay que esperar la investigación para cerrar el círculo", resumió un allegado a la familia.
Los últimos mensajes
- El mismo día que murió, Ángeles Rawson tuvo tiempo para interactuar en la red social Ask.fm. La modalidad de ese sitio es la elaboración de preguntas que tus contactos deberán responder. Ella tenía un perfil muy activo en este canal de comunicación.
- Dentro de las respuestas que escribió se destacan: "No llores por las rutas por las que no viajaste", en alusión a la pregunta "¿Puedes darme algún consejo útil?"; cuando un usuario le consultó sobre lo que le gusta hacer en un día de mal humor, Ángeles respondió: "Música y que me hagan reír".
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