
Una novela de Theodor Kallifatides y un ensayo de Hugo Francisco Bauzá rescatan, desde propuestas distintas, una conciencia cultural que está en la base de nuestra vida cotidiana
Los griegos de hoy, por su historia, herencia y carácter, presentan una mayor brecha entre deseo y realidad que el común de los mortales”, escribió el griego Nikos Dimou en su breve (y ácido) ensayo de interpretación nacional La desgracia de ser griego, publicado en 1975. Sin duda, buena parte de esa “brecha” terminó de instalarse a partir del desenlace de la Segunda Guerra Mundial en el espíritu del mismo pueblo que fundó, inventó y pensó los cimientos de la civilización occidental. Y es por eso que el novelista griego hoy nacionalizado sueco Theodor Kallifatides (Molaoi, 1938) acierta cuando define el clima cívico y moral imperante en lo que alguna vez fue un imperio desde el título de su libro, Una paz cruel.

